Murió en Suiza Sara Solarz de Osatinsky, sobreviviente de la dictadura que dio un ejemplo de lucha y dignidad

23 de Noviembre de 2020 |
Fue interrogada y torturada personalmente por el genocida Héctor Verges. Prestó testimonio en los juicios.  

A los 85 años, murió este lunes en Suiza la militante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y Montoneros Sara Solarz de Ostainsky, sobreviviente de la ESMA y otros centros clandestinos de la dictadura y testigo en causas por delitos de lesa humanidad. “Kika”, tucumana de nacimiento, fue la única sobreviviente de una familia diezmada por la represión del terrorismo de Estado.

Viuda de Marcos Osatinsky, jefe de las FAR e integrante del grupo que logró evadirse del penal de Rawson, en 1972, Sara fue además la madre de dos jóvenes militantes asesinados por la última dictadura.

“Kika” fue detenida en Buenos Aires en 1977 y mantenida cautiva en la Escuela de Mecánica de la Armada. Allí fue torturada, violada y obligada a realizar trabajo esclavo, principalmente en la sala donde eran atendidas las cautivas embarazadas (la “Sardá” de la ESMA, desde donde luego eran apropiados y entregados a familias de represores los bebés).

Recuperó su libertad el 19 de diciembre de 1979, cuando fue embarcada en avión para España por personal de la Armada Argentina, con pasajes suministrados por la misma fuerza. Ya en el exterior, fue protagonista de una intensa campaña que denunció, en todo el mundo los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura.

Con el retorno de la democracia, fue testigo en el Juicio a las Juntas (Causa 13), donde relató que, pocos días después de su ingreso en la ESMA, fue interrogada por dos hombres de civil que dijeron pertenecer al Tercer Cuerpo de Ejército y al centro de detención de La Perla. Según su testimonio, uno de ellos, luego identificado como el capitán del Ejército Héctor Pedro Vergez, le relató cómo había matado a su hijo Mario, de 18 años, cómo había secuestrado y dinamitado en Barranca Yaco el cuerpo de su marido, Marcos, y también le manifestó su “alegría” por la desaparición de su hijo José, de 15 años, también en Córdoba.

En 2018, Sara tenía ya 83 años, pero no cejaba en su empeño de denunciar y querellar a los verdugos del autodenominado “Proceso”. Fue querellante en Córdoba, en la causa Montiveros, que juzgó el secuestro y desaparición de José, su hijo menor.

Junto a otras sobrevivientes, apenas llegada al exilio, en 1980, prestó su testimonio ante la Comisión Argentina por los Derechos Humanos (CADHU), uno de los primeros organismos que denunciaron los crímenes de la dictadura.

El Secretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de la Nación, Horacio Pietragalla Corti, expresó en las redes su pesar e hizo una pequeña semblanza de Sara Solarz de Osatinsky:

“Hoy recibimos una triste noticia, la partida de Sara Solarz de Osatinsky. A ella la conocí en el 2003, cuando vino a recuperar los restos de uno de sus hijos, Mario, de 18 años, de la fosa de San Vicente, en Córdoba; el mismo lugar donde apareció mi viejo. Ella estuvo con papá y recuerdo que me dijo "tu papá no cantó (no delató); él cayó y después no cayó ningún compañero y él había estado en mi casa y en la de varios". Sara perdió también a su hijo José, de 15 años, lo mismo que a Marcos Ozantiski, su compañero. Fue secuestrada en la ESMA, torturada, y el mismo Vergez viajó de Córdoba para interrogarla. En 2007, declaró en la Justicia que  había sido abusada sexualmente, por uno de los más detestables personajes de la ESMA: el prefecto Héctor Febres. Se exilió después de su liberación en Europa. Y trabajó militando en una ONG de refugiados”.

Si acaso le lleve paz a su espíritu, la mayoría de los verdugos que la atormentaron durante su cautiverio han muerto o van a morir juzgados y condenados.