Masacre de "Luna Roja". Una memoria necesaria, más allá de los juicios y las condenas

20 de Agosto de 2020 |
Hace 42 años, los diarios presentaban como “accidente” lo que era un hecho feroz del terrorismo de Estado

La muerte en el Hospital Naval de Buenos Aires, el pasado viernes, de uno de los tres condenados a perpetua por la masacre del balneario marplatense Luna Roja, el 2 de agosto de 1978, invita a echar una mirada sobre hechos casi borrados de la última dictadura y también sobre gestos de Memoria y búsqueda de la verdad que no cesan, y que acaso vayan pasándose como mandato de las presentes a las futuras generaciones.

El condenado que murió el viernes, mientras cumplía con una doble cadena perpetua impuesta por la Justicia en uno de los juicios de la megacausa ESMA y en dos de la megacausa Base Naval Mar del Plata, era el capitán de navío retirado Francisco Lucio Rioja, conocido en los centros clandestinos de detención de la Armada como “Fibra”, “Jirafa” o “Pancho”.

“¡Qué hijo de puta ‘Fibra’, mirá lo que hizo!”, declaró una sobreviviente de la ESMA que le oyó decir al “Tigre” Acosta, mientras leía en voz alta, para todos, la falsa noticia publicada por La Capital de Mar del Plata que aquí reproducimos.

A modo de “mensaje de respuesta” por el atentado dinamitero de Montoneros contra la vivienda del almirante y miembro de la Junta Militar Armando Lambruschini, que un día antes había cobrado las vidas inocentes de una hija de éste y de una anciana que vivía en el edificio, el grupo de Inteligencia de la Marina que actuaba en Mar del Plata eligió a cinco detenidos ilegales, acusados de pertenecer a Montoneros, los condujo atados y amordazados hasta una casilla del balneario Luna Roja, vecino a Barranca de Lobos y Chapadmalal, y los hizo volar en pedazos, informando luego a la prensa que se trataba de “extremistas” que habían muerto “manipulando una bomba”.

Francisco Rioja actuaba en ese momento como jefe de Inteligencia en la Base Naval de Mar del Plata y en los juicios quedó probada su participación en la asociación ilícita que ejecutó secuestros, detenciones ilegales y tormentos a detenidos. En 2017, recibió su segunda condena a perpetua, al finalizar los juicios ESMA III y IV. Durante los procesos, Rioja desconoció la autoridad de cualquier tribunal civil para juzgarlo y demandó sin éxito que se le aplicara la “justicia militar”.

El general Arrillaga en segundo plano. "Fibra" Rioja en el primero. (Foto: Marcelo Núñez)
El general Arrillaga en segundo plano. "Fibra" Rioja en el primero. (Foto: Marcelo Núñez)

El esclarecimiento de la masacre de Luna Roja fue posible, entre otras cosas, porque la policía provincial que recibió del grupo de tareas los cadáveres destrozados y sin identificar, aplicó un protocolo que en ningún momento pretendió ocultar el crimen. Tanto fue así que las cinco (no cuatro) sepulturas fueron ubicadas una junto a la otra en un sector del Cementerio Parque, donde también fueron inhumados una veintena de “NN”. Además, junto a esa leyenda se hacía constar la fecha presunta de muerte y/o algún signo distintivo. Aquellos recaudos protocolares de la policía evitaron  que los restos pasaran al osario común, en los años que siguieron, y facilitaron la tarea del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que finalmente pudo identificar a cuatro de las cinco víctimas de la masacre de Luna Roja y que determinó que habían sido trasladadas al balneario desde distintos lugares.

En 2018, cuando se preparaba la temporada estival en Luna Roja, una topadora contratada por el concesionario demolió la escultura y señalización del lugar realizadas por organismos de DDHH en el año 2011, y que se convertía en referencia histórica de la playa, tal como es hasta hoy el monumento a Alfonsina Storni emplazado en la barranca de acceso al balneario La Perla, en el centro de la ciudad.

La protesta de familiares y organismos, más una denuncia en la prensa local, logró que el concesionario de marras pidiera disculpas y se ocupara de reponer el monumento original.

Detalle de la escultura homenaje a las víctimas de la masacre de Luna Roja
Detalle de la escultura homenaje a las víctimas de la masacre de Luna Roja

Otra protesta y denuncia, éstas a cargo de los centros de ex combatientes de Malvinas, impidió que condenados por delitos de lesa humanidad como el recientemente fallecido Rioja, lo mismo que sus herederos, continuaran cobrando una pensión otorgada a veteranos de la guerra del Atlántico Sur.

Una de las cinco víctimas de la masacre de Luna Roja aún no ha podido ser identificada. Lo mismo que otras de las 22 que fueron sepultadas como “NN” en el Cementerio Parque de Mar del Plata, espera que los antropólogos del EAAF avancen en la recolección de datos y evidencias, antes de que todo se vaya esfumando por acción del tiempo.

Sin, embargo, la Memoria continúa su proceso, incesante, alimentándose de las huellas y registros que van quedando en la ciudad, en sus casas, en los archivos periodísticos y documentales o en las mismas actas de los juicios.

Carlos Aurelio Bozzi es abogado, historiador y docente de Seguridad Pública en la Escuela Descentralizada Juan Vucetich de Mar del Plata y en otros institutos relacionados con la capacitación policial. Siendo abogado laboralista, compartía el estudio jurídico con el desaparecido Tomás Fresneda y es un sobreviviente de la trágica “Noche de las Corbatas”. Desde aquel día, tras un duro exilio interior, se dedicó a la investigación de hechos del terrorismo de Estado y representó como querellante a familiares de las víctimas en la megacausa Mar del Plata Base Naval. Su libro Luna Roja. Desaparecidos en las playas marplatenses, ha sido incorporado a la Biblioteca del Tribunal Oral Federal en lo Criminal de Mar del Plata, así como al Archivo Nacional de la Memoria y al Fondo Documental CONADEP.

Tal como Luna Roja aumenta su volumen de edición a edición, así también aumentan la información y los relatos y avanza la localización e identificación de las víctimas, que apenas pasaban las 200 cuando se hizo  el primer Informe de la Conadep y que hoy ya alcanzan las 290.

“Los casos o los testigos aparecen en donde uno menos los espera” –cuenta Bozzi en conversación con Télam. “Hay una entrevista que le hacen al diseñador Roberto Piazza, en marzo de 2016, en un programa de C5N, donde él cuenta su experiencia en Mar del Plata, mientras hacía el servicio militar. Después de escucharlo, quise llamarlo como testigo para el juicio Base Naval, y él había aceptado. Pero para el Tribunal, un testimonio como el de Piazza iba a resultar muy ‘mediático’ y eso no era conveniente para el desarrollo del juicio, así que finalmente no fue convocado”.

“Viví esa etapa de mierda en la Argentina –dice Piazza en la mencionada entrevista, realizada por Hernán Lirio. “Realmente la gente no tiene ni idea de los que fue eso (…) de haber visto cómo destruyeron familias, mataban mujeres, violaban mujeres, mataban chicos y jóvenes, un montón de cosas espantosas. Yo digo siempre que si hubiera nacido tres años antes, hubiera sido un NN más”, completa.

El relato del modisto y diseñador, hoy disponible en la web, abunda en detalles e información verosímil sobre la vida cotidiana en la Base Naval de Mar del Plata y en Buzos Tácticos, durante los años 1977 y 1978, los años en que se preparaba, entre otras cosas, la guerra contra Chile (por el diferendo del Beagle) y cuando todas las bases y apostaderos de la Armada se habían convertido, simultáneamente, en centros clandestinos de detención.

Para Carlos Bozzi, lo mismo que para otros sobrevivientes del horror de la dictadura, que fueron testigos y querellantes en los juicios, la construcción de la memoria no termina, como tampoco terminan los juicios (mientras queden verdugos impunes) y como no termina, tanto en las costas marplatenses como en el resto del país, la búsqueda de la verdad.

Uno de los verdugos murió condenado hace unos días, durante la pandemia del Covid 19. En la playa “Luna Roja” fue reconstruido el monumento que recuerda a las víctimas, por derecho y deseo de la comunidad. La vida, lo mismo que la lucha de los vivos, continúa.

Oscar Taffetani