Juicio en Bahía: Declaró el testigo que Jorge "Moncho" Argibay jamás hubiera imaginado

14 de Agosto de 2020 |
Daniel Argibay, hijo del represor, contó cómo fue crecer y vivir en tiempos de la Triple A

Daniel Argibay durante su declaración por videoconferencia
Daniel Argibay durante su declaración por videoconferencia

“Soy hijo de un represor. Viví el horror. Un lugar de impotencia y terror, con un padre monstruo que se vanagloriaba frente a sus hijos menores de lo que hacían él y el hermano mayor. Siento vergüenza, impotencia y odio. Lamento que haya muerto, porque eso lo eximió del juicio”, escribió el psicólogo Daniel Argibay en un intercambio con HIJOS Bahía Blanca, el pasado 23 de julio. Eso y un pedido de perdón a las víctimas de su padre, expresado en un saludo de fin de año a un periodista, bastaron para que la querella principal del juicio Triple A Bahía Blanca lo convocara como testigo al juicio oral.

En la audiencia mixta (presencial y por teleconferencia) celebrada ayer jueves 13 de agosto, a los testimonios de María del Carmen Jáuregui, José Ramón Fernández y Ana Gabriela Guglielmin, se sumó entonces la invalorable declaración de Daniel Argibay, que aunque ya no puede incriminar a su padre Jorge ni a su hermano Pablo, ambos fallecidos, sí puede ayudar a reconstruir las actividades de la banda parapolicial Triple A en Bahía Blanca, en los años previos a la dictadura, así como probar la responsabilidad de todos o alguno de los cuatro imputados en el juicio.

Daniel fue testigo involuntario, desde los 12 años, del “trabajo” de su padre, cuando el “Moncho” Argibay pasó de ser un trabajador y pequeño emprendedor metalúrgico a ser fuerza de choque, matón y guardaespaldas del poderoso sindicalista y diputado de la derecha peronista Rodolfo “Fito” Ponce, quien se ocupó de agregarlo a la nómina de la Junta Nacional de Granos (JNG), el Sindicato de la Construcción (UOCRA) y la Universidad Nacional del Sur (UNS). Uno de los miembros de la banda, Raúl Aceituno, también cobraba sueldo y disfrutaba de “licencia sindical” en la JNG, además de haber sido contratado por la UNS durante la violenta intervención del fascista rumano Remus Tetu.

Raúl Roberto Aceituno, integrante de la banda que está siendo juzgado
Raúl Roberto Aceituno, integrante de la banda que está siendo juzgado

En escenas cotidianas que, según el testigo, luego le costaron “18 años de terapia”, Daniel Argibay oía de boca de su padre humoradas macabras como “¡Haga patria, mate un zurdo!”. O también: “Las ideas no se matan…¡pero sí a los que las tienen!”

Entre los 12 y 14 años, recuerda el testigo, era cotidiano ver salir a su padre a “trabajar” por las noches, y regresar de madrugada con papeles, pertenencias y objetos de valor que luego se distribuían entre los de la banda.

Cierta vez –narró- el “Moncho” lo despertó para obsequiarle un reloj pulsera Omega Speedmaster, una joya de valor inusual en aquel tiempo. Casualmente, uno de los 24 asesinados por la Triple A bahiense, según otros testigos, tenía un reloj de esa clase.

Otra vez, el represor llevó a su casa un grabador de cinta en donde Daniel y sus hermanos pudieron escuchar la voz de un cura disertando sobre asuntos como el “derecho canónico” (sic). Casualmente, un grabador del sacerdote tercermundista Duilio Biancucci, con sus sermones y conferencias, circulaba entre los miembros de la comunidad Juan XXIII que fueron agredidos en la madrugada del 21 de marzo de 1975 por la Triple A bahiense, saqueando la residencia, provocando un incendio e hiriendo de muerte al sacerdote salesiano Carlos Dorñak.

Los recuerdos de Daniel Argibay, que era un casi un adolescente cuando su progenitor (porque a él no le gusta llamarlo padre) lo llevaba consigo  a reuniones sociales (en la JNG, en la UOCRA, en alguna casa particular) o también cuando tenía entrevistas en Buenos Aires, en La Plata, en Necochea o en Bahía Blanca con oficiales de Inteligencia del Ejército, con funcionarios del Ministerio de Bienestar Social que conducía José López Rega, con miembros de la agrupación parapolicial CNU o con dirigentes de la CGT bahiense, hoy permiten reconstruir la trama del terrorismo de Estado antes del golpe del 24 de marzo de 1976.

"Watu", en un afiche diseñado por sus compañeros del PC bahiense
"Watu", en un afiche diseñado por sus compañeros del PC bahiense

Según cuenta Daniel Argibay, luego de un oscuro episodio ocurrido en Quequén, en donde resultaron baleados su progenitor y su hermano Pablo (hecho policial en el que fueron defendidos por el abogado y luego juez y camarista Néstor Montezanti, señalado como integrante de la Triple A bahiense), comenzó el retiro forzoso del “Moncho”. Aunque no el del joven Pablo Francisco Argibay, quien a la salida de la cárcel fue reinsertado en la vida civil por el hoy multicondenado agente de Inteligencia Raúl Antonio Guglielminetti, quien lo llevó a vivir a su propia casa en Martínez, Buenos Aires, le consiguió un empleo en la empresa Terrabusi y lo ayudó a principiar y a terminar la carrera de Medicina. Otra llave para entender la continuidad del terrorismo de Estado, antes y después del golpe de 1976.

Tal como ocurrió en la primera audiencia del juicio, en el relato de un solo testigo se pasa revista al armamento de aquella Triple A bahiense: Pistolas calibre 11.25 (ó 45), marca Colt o bien Ballester Molina (con escudo del Ejército Argentino); escopetas calibre 12-14 Bataan (similares a las conocidas “Ithaca”) y alguna pistola ametralladora PAM, también de fabricación estatal y argentina. Una sola arma de ésas, recuperada e identificada puede resultar prueba contundente en este juicio.

Otro tanto pasa con los móviles. En el relato de Daniel Argibay, la mirada va desplazándose desde vehículos robados a los que se cambiaba la patente hasta vehículos pertenecientes a alguna institución –como la JNG, la UOCRA o la UNS, en el caso bahiense- hasta llegar a los (tristemente célebres) Ford Falcon, de color no necesariamente verde.

Tan variado y abundante en datos fue el testimonio del psicólogo Daniel Argibay, que la abogada por la querella de HIJOS Mónica Fernández Avello pidió que se reservara al testigo para citarlo a una nueva audiencia, a medida que avance el debate.

Así las cosas, la causa por asociación ilícita y homicidio caratulada “Aceituno, Raúl y otros…”, más conocida como “Triple A Bahía Blanca” promete no sólo resolver la situación de los cuatro imputados y procesados, sino también echar luz sobre un período clave de la vida política argentina, signada por el terrorismo de Estado.

Oscar Taffetani