"Sucesos de Trelew", la falsa noticia que fue difundida para ocultar un crimen de Estado

24 de Agosto de 2020 |
Una gacetilla oficial y un diario de la época muestran cómo fue el intento de desinformar a la población sobre los fusilamientos de la base Almirante Zar, en agosto de 1972

La relectura de una gacetilla de once páginas entregada por la Junta de Comandantes en Jefe a la agencia Télam y los medios, el 25 de agosto de 1972,  permite ver cómo fue el mecanismo de desinformación planeado por la dictadura que presidía el teniente general Lanusse, así como la subordinación de los principales medios gráficos y audiovisuales del país y el intento de dejar impune un crimen de lesa humanidad que recién pudo ser juzgado 40 años después.

Con fecha 25 de agosto de 1972, las principales agencias y diarios del país recibieron en hojas con membrete del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas (equivalente del Poder Ejecutivo Nacional, sólo que en tiempos del facto) un documento titulado “Informe de los sucesos ocurridos en Rawson y Trelew”, en donde junto a hechos verificables como la muerte del general Aramburu, los sindicalistas Vandor y Alonso, el empresario Sallustro y el dirigente político Roberto Mario Uzal, entre los más lejanos, más otros como la muerte de un guardiacárcel de Rawson, se describían al detalle sucesos inverificables como el “motín” y el “intento de fuga” de los 19 detenidos políticos que habían sido recapturados en el aeropuerto de Trelew el 16 de agosto y conducidos para su “seguridad” a la base aeronaval “Almirante Zar” de la Armada.

Se transcriben dos pasajes inverosímiles de aquella gacetilla oficial, antes de analizar el comportamiento de los medios.

“Con el objeto de realizar el control previsto para esa hora (03:30 de la mañana), el jefe de turno recorrió el pasillo hasta el fondo y a su regreso, cuando llegaba al extremo de salida del mismo, fue tomado por (Mariano) Pujadas del cuello al tiempo que le quitaba su arma automática. Es de hacer notar que estando Pujadas en ese extremo del pasillo (era el primero), al tomar contra su cuerpo al jefe de turno, prácticamente cubría tras de si al resto de los reclusos”. (p.8)

“Instantáneamente y con gran destreza, Pujadas (que era especialista en Karate), dispara contra uno de los tres guardias, pegando su primer impacto muy próximo a la cabeza de uno de ellos. A pesar del ‘rehén’ se cumplen las claras órdenes existentes de que se tirara aún en esas circunstancias, por lo que uno de los guardias abre el fuego al tiempo que los detenidos aprovechaban el cubrimiento para avanzar sobre los guardias. A pesar de ello, Pujadas rápidamente efectúa otro disparo que tampoco dio en el blanco, dificultado por el forcejeo que mantenía el oficial para zafarse. Dicho disparo pasó muy cerca de la cadera de uno de los guardias y se incrustó en una puerta. El oficial logra zafarse de Pujadas y hace cuerpo a tierra. La acción de las armas no se hace esperar contra los reclusos agrupados y en tren de fuga. Cuando cesa el fuego, se comprueba que 13 de los detenidos están muertos, mientras que los 6 restantes quedan heridos (ver gráfico) (…) Dos heridos mueren el día 22 y un tercero el 23, totalizando así 16 los muertos y 3 los heridos. Estos últimos, quienes ya reciben la visita de sus familiares, según el último parte médico están evolucionando favorablemente” (p.9)

La otra versión de esa historia, narrada por los tres sobrevivientes del fusilamiento, fue confiada por ellos al periodista Tomás Eloy Martínez, hasta ese momento editor de la revista Panorama de Editorial Abril. Sin embargo, tampoco pudo ser conocida por esos días, ya que junto con la falsa noticia proporcionada por la Junta se publicaba un decreto ley que agregaba un artículo al Código Penal y donde “el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare comunicaciones o imágenes provenientes de o atribuidas o atribuibles a asociaciones ilícitas o a personas o a grupos notoriamente dedicados a actividades subversivas o de terrorismo, será reprimido con prisión de seis (6) meses a tres (3) años” (Art. 212 de la Ley 19.797).

Sin embargo, los fusilamientos de Trelew (luego leídos por los historiadores como un intento de la Armada de sabotear el proceso de apertura política y elecciones que pretendía liderar Lanusse), comenzaron a ser conocidos y difundidos por la militancia estudiantil, obrera y política desde el mismo 22 de agosto de 1972, alcanzando su máximo despliegue al año siguiente, tras la asunción del presidente electo Héctor J. Cámpora el 25 de Mayo de 1973 y tras la casi inmediata amnistía general de presos políticos y gremiales votada por el Congreso de la Nación.

La pasión según Trelew, de Tomás Eloy Martínez; La patria fusilada, de Francisco “Paco” Urondo y el Libro de Trelew, de Humberto Costantini fueron algunas de las obras literarias y periodísticas que empezaron a circular y a leerse entonces, desmintiendo la historia oficial que había pretendido instalar la Junta militar.

No obstante, y como ya se ha dicho, debieron pasar 40 años para que un gobierno democrático y constitucional impulsara desde la flamante Secretaría de Derechos Humanos de la Nación -que encabezaban los abogados y veteranos militantes Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Matarollo- la reapertura de la causa y su elevación a juicio oral, un juicio en el que se procesó y condenó a la mayoría de los autores materiales de la masacre de Trelew.

Aquellas incipientes “noticias falsas” de la dictadura de Lanusse, multiplicadas años más tarde por la dictadura genocida de Videla, fueron desbaratadas por un periodismo valiente capaz de denunciar los crímenes pese a su notoria inferioridad de fuerzas y de medios. Pero, sobre todo, fueron refutadas y desmentidas para siempre por una Justicia argentina que fue capaz de declarar imprescriptibles los delitos de lesa humanidad.

Oscar Taffetani