El montonero que logró fugarse de la ESMA, dio testimonio y fue asesinado por el Ejército

02 de Septiembre de 2013 | Su hija María Eva relató la peripecia familiar: también su madre fue secuestrada
El testimonio de la hija de Horacio "Nariz" Di Maggio, el primer prisionero que se fugó de la ESMA (cuyo escalofriante relato sobre lo que allí ocurría fue entonces desaprovechado) y fue luego muerto por fuerzas del Ejército;del hermano de Eduardo Gurci, quien fue secuestrado al igual que su novia, Patricia Faraoni, de 18 años, y de una hermana de José María "Pepe" Salgado, que integraba una célula montonera cuyo jefe era Rodolfo Walsh, ocuparon la jornada del viernes. Aqui un relato de sus testimonios. "Antes de empezar, quería aclarar que todos los hechos que voy a mencionar han sido resultado de una construcción personal sobre la historia de mis padres, de mi familia… Soy la hija de Horacio Domingo Maggio y Norma Valentinussi. Ellos se casaron en 1971 y ya militaban en Montoneros. En 1972 nació Juan Facundo, mi hermano, y yo nací el 18 de noviembre de 1974. Cuando tenía 3 meses de vida, mi familia tuvo que padecer allanamientos", así comenzó su testimonio María Eva Maggio.

A Horacio lo apodaban "Nariz". Tenía 28 años de edad y fue delegado gremial del Banco Provincia de Santa Fe. Luego del asesinato en Córdoba de Adriana Hesper, tía de María, pasaron a la clandestinidad y Horacio a utilizar el nombre de "Rubén Buttaro", explicó.
El secuestro

"El 15 de febrero de 1977, cuando mi papá transitaba por la calle Rivadavia a una cuadra de casa, en Flores, Fuerzas conjuntas lo detuvieron, lo golpearon, lo secuestraron y lo llevaron a la ESMA. Con mi mamá no teníamos muy en claro qué había pasado. Ella decidió que teníamos que exiliarnos los tres, ella, mi hermano y yo. Nos fuimos a Brasil desde julio a octubre de 1977. Estuvimos en la isla Guaruja, frente a Santos, en el Estado de Sao Paulo, Brasil. Ahí convivimos con Rosario Quiroga y sus hijas, y con María Luján y su hija, María José. Después, aunque mi papá seguía desaparecido, los tres volvimos a la Argentina", contó María.

La fuga de la ESMA

"El 17 de marzo de 1978 marzo de 1978, mi papá logró fugarse de la ESMA. Inmediatamente, se fue a vivir con nosotros a nuestra casa en Caseros. Priorizó vivir con nosotros a esconderse. Ese mismo día a la noche, en el domicilio de mi abuela paterna, en la ciudad de Santa Fé, se presentaron dos o tres personas que querían hablar con ella. Era de noche y le dijeron que querían hablar con mi papá, que había cometido un error grave. Una de las personas, que se presentó como el ´Señor Daniel´, nos enteramos después que era el prefecto (Héctor) Febres. Se instaló en la casa de mi abuela, se puso al lado del teléfono y dijo: ´Voy a esperar que su hijo llame´. Pero mi papá ya había llamado a mi abuela y ella ya estaba al tanto de su fuga. Así que estuvieron toda la noche junto al teléfono, hasta que a la mañana se fueron, no sin antes decirle a mi abuela que tenía que convencer a papá de que se pusiera en contacto con ellos, porque había cometido un gran error", relató la testigo.

El primer documento sobre la ESMA

María también contó que en la casa de Caseros el 12 de abril de 1979 "empezó a redactar el documento en el que denunció su amarga experiencia como detenido-secuestrado en la ESMA. En él hizo referencia a las condiciones inhumanas de detención, describió métodos de tortura como el submarino y la picana. También incluyó un largo listado con nombres y alias de represores y torturadores.  El 27 de abril, mi papá se reunió con el subdirector de la Associated Press, Richard Boudreau, anted quién denunció los horrores vividos en la ESMA. En esa denuncia, mi papá hizo referencia a otros compañeros detenidos, como (Norma) Arrostito y una joven sueca, que resultó ser Dagmar Hagelin."

El segundo secuestro

Horacio Maggio fue secuestrado por segunda vez el 4 de octubre de 1978. En realidad, rodeado por tropas del Ejército, adentro de un edificio en construcción, no lo atraparon vivo. "Se resistió con lo que pudo, con lo que tenía al alcance, que eran piedras, escombros y ahí el Ejército lo fusiló", contó María, hija de Horacio.

"Por testimonios de sus  compañeros, sé que el cuerpo fue llevado a la ESMA y que expusieron el cadáver para mostrar lo que le podía pasar al resto si intentaban fugarse. Para que vieran cómo había quedado destruído su cráneo…".

"Con mi mamá y mi hermano emprendemos un segundo exilio, sin tener en claro si mi papá estaba desaparecido. No sabíamos qué había pasado con él. Viajamos hacia Perú, Ecuador y México. Ahí  mamá nos confirmó el asesinato de papá", agregó la testigo.

Volver

La familia decidió regresar al país en 1979, con la llamada "Contraofensiva" de Montoneros. El 11 de septiembre de ese mismo año, Norma, la mamá de María y de Juan, fue secuestrada en la calle por tres hombres vestidos de civil. Gritó su nombre y su número de DNI para que los vecinos supieran que se la llevaban. "En el forcejeo perdió un zapato que mi abuela recuperó en la calle. No volvimos a saber nada de mamá. Mi abuela materna se quedóen Buenos Aires, haciendo presentaciones de hábeas corpus", narró.

Agregó que no hace mucho supieron que Norma fue vista en el centro clandestino de detención, tortura y exterminio de Campo de Mayo en octubre de 1980. Aunque no hay confirmación, es posible que haya sido fusilada entre octubre y noviembre de ese año.

Los niños se criaron con la abuela paterna, quien les dio "mucho amor y mucha verdad durante todos estos años", dijo María en su declaración.

"Además de justicia, quiero verdad"

"Mi papá y mi mamá siempre fueron padres muy protectores, preocupados por nuestro futuro. Al vivir sin padres durante tanto tiempo, a uno le falta de todo y le sobran todo tipo de preguntas. Yo crecí en un contexto familiar donde tanto mis abuelas como mis tías me respondieron todas las preguntas que hice.

La mamá de mi papá tiene 95 años y no sabe dónde están los restos de su hijo. Yo cumplo 40 años el año que viene y tampoco lo sé. Espero que me lo puedan decir… Creo que la justicia debe decirme quién lo secuestró, quién lo torturó, quién lo asesinó, qué hicieron con sus restos. Mis padres fueron secuestrados en el marco del Estado terrorista, cuyos actores principales están ahora en el banquillo de los acusados y siguen ocultando la verdad que tanto necesitamos y nos merecemos. La justicia es la encargada de llegar a la verdad y de hacer justicia por mí, mis abuelas, mi hermano, mis hijas; por la democracia, para que nunca más el Estado secuestre, viole, asesine y se apropie de bebés".

El secuestro de una joven pareja: Eduardo Guerci  y Patricia Faraoni

Luego prestó testimonio Aldo Alberto Guerci, hermano de Eduardo y cuñado de Patricia Faraoni, ambos secuestrados.

El 20 de julio de 1976 hubo un operativo violento en la casa familiar en Villa del Parque. La vivienda fue saqueada y Eduardo secuestrado. Tenía 20 años, estudiaba Psicología, participaba en el centro de estudiantes y estaba haciendo el servicio militar obligatorio en el edificio Libertad, sede de la Armada, casualmente ubicado frente a los tribunales federales de la Avenida Comodoro Py dónde se desarrolla el juicio.

La desaparición forzada de Eduardo, dijo, "era un tema del que no se hablaba en la casa", dijo Aldo, que agregó que supieron que Patricia, de 18 años, novia de su hermano, también había sido secuestrada.

"Toda las búsquedas eran para saber qué había pasado y todas las notas del Ministerio del Interior decían que no había información de él", relató el testigo. 

"Me gustaría saber toda la verdad. Mis padres fallecieron sin poder cerrar ese capítulo. Siempre estuvieron pensando que Eduardo iba a volver. A mí me gustaría saber qué pasó. Sobre todo, para el país y nosotros, que necesitamos tener memoria. Yo juré decir la verdad, y me gustaría saber lo que pasó. Me gustaría saber la verdad", concluyó Aldo Guerci.

Una hermana de Pepe Salgado

Por último, declaró Luisa Graciela Salgado, hermana de José María Salgado, apodado "Pepe", quien fue convocada a ampliar la declaración que prestó en el primer juicio.

Se le pidieron precisiones sobre los llamados telefónicos que recibió de su hermano.

"Él estaba queriendo hablar urgente con mi papá y mi mamá. No era así habitualmente. Le dije que habían salido a hacer unas compras y que no los podía ubicar hasta que volvieran", contó la testigo, quien agregó que luego su hermano pudo hablar con su madre y "ahí le dijo que estaba detenido. Esa fue la última vez que llamó. Los otros llamados no fueron de parte de él".

El tercer llamado fue hecho por alguien que dijo llamarse "comisario Serra o Sierra, es lo que nos suena. Atendió mi mamá. Ahí ya estaba participando un amigo de mi papá que era comisario, Alberto Flamiño Torres, ya fallecido. Ese llamado fue un ratito después del segundo, no pasó más de media hora entre uno y otro", declaró Luisa.

La familia recibió más llamados, que eran amenazas. "Recuerdo a mi papá sentado todo el día en el sillón", contó Luisa, relatando la búsqueda de su hermano. El último llamado fue recibido el 2 de julio de 1977.   

Ni la miró y así la salvó

La testigo declaró que la familia se enteró del secuestro de José María a través de su novia, Mirta Noemí Castro, quien murió hace dos años. Ella estaba embarazada. "Habían estado arreglando la casa y la habitación para el nuevo bebé. Salieron a comprar algo para comer. En el momento en el que ella está esperando un sándwich, él salió a buscar el diario. Ella vio que tres hombres lo subieron a un Falcon amarillo. Él bajó los ojos, como diciendo ´No te conozco, seguí de largo´. Así la preservó de que se la llevaran a ella también", contó Luisa.

"Con el tiempo supimos que estuvo en la ESMA", relató la testigo, y agregó que recibieron cartas desde el exterior, contando que José María estaba en la ESMA. Confirmaron que era él por dos motivos: uno es que comentaba que iba a ser padre y no iba a llegar a conocer a su hijo, y el otro es que una amiga de la familia vio su vehículo en la ESMA.

"Yo soy docente y siempre les digo a mis alumnos… clasificamos. Todavía no encuentro palabra para decirle a esta gente, porque no los considero de la raza humana", concluyó Luisa Graciela Salgado.

Fuente: Espacio Memoria y Justicia