"CUARENTENA" DE UNA MADRE DE PLAZA DE MAYO

14 de Julio de 2020 |
Vera Jarach: cómo luchar contra el virus y contagiar esperanza.

Vera Jarach (En Primera Persona).
Vera Jarach (En Primera Persona).
En lo que va del año, Vera Jarach (92) ya cumple con la cuarta cuarentena. La primera comenzó en febrero, al regresar de Italia, cuando debió aislarse preventivamente en su casa. Las otras vinieron después, cuando el Covid 19 ya se había instalado en nuestro país como en el resto del planeta. Pero para alguien que guarda en su memoria familiar palabras imborrables como “Auschwitz”, “deportaciones”, “ESMA” y “vuelos de la muerte”, el ataque del coronavirus es apenas una circunstancia. “Tenemos que luchar contra el virus y contagiar la esperanza”, dice la entrevistada sin titubear.

“Estoy de acuerdo con las decisiones que se han tomado”, agrega en relación con la pandemia y las cuarentenas. “No sabemos cuánto más va a llevar erradicar el virus, pero sí sabemos que se está haciendo lo mejor posible. Tenemos un gobierno sensato, prudente, decidido, que supo aprovechar las experiencias vividas en otras partes. Y creo que una parte de nuestro pueblo
(no todo, pero sí una parte) ha comprendido la necesidad que tenemos de unirnos frente a cualquier cosa desgraciada, triste o violenta que nos pase, como puede ser esta nueva enfermedad. Por eso les dije a mis compañeras de Madres y de los organismos, cuando preparaban la conmemoración del 24 de Marzo: luchemos contra el contagio del virus, pero a la vez luchemos por contagiar esperanza”.

Franca Jarach, desaparecida en la ESMA, en julio de 1976
Franca Jarach, desaparecida en la ESMA, en julio de 1976
“Hay tantas semejanzas, tantas analogías, entre las historias vividas allá y aquí. Siempre digo que mi abuelo murió y no tiene tumba, porque fue en Auschwitz. Y también digo que mi propia hija Franca tampoco tiene tumba, porque desapareció en la ESMA y fue llevada en un vuelo de la muerte. Nosotros conmemoramos cada 24 de marzo, aquí, el inicio de la última dictadura. En Roma, ese mismo día, se conmemora la masacre de las Fosas Ardeatinas. Muchas coincidencia, muchas semejanzas.”

-- Además, la Argentina extraditó a Italia a Erich Priebke, el verdugo de las Fosas Ardeatinas…

-- Sí, claro. Este año perdimos en Italia a dos personas excepcionales, que se ocuparon del genocidio y de historias comunes que hay entre Europa y América: el periodista Ítalo Moretti, que investigó y escribió sobre los golpes en Chile, la Argentina y el Uruguay, en distintos momentos, y también el abogado Marcello Gentili, que además de los hechos de las Fosas Ardeatinas se ocupó de denunciar los crímenes en la Argentina y se solidarizó con las Madres, las Abuelas y los Familiares. Son lazos muy fuertes los que se han tendido en todos estos años.

-- Esos lazos le permitieron a Usted presentarse ante la canciller de Alemania Ángela Merkel en 2017, durante su visita a la Argentina, para que diera un mensaje claro contra el negacionismo

-- Sí, ése fue un episodio muy difundido. Pero yo siempre he luchado contra el negacionismo, tanto el de la Shoá como el negacionismo de los crímenes de la dictadura. ‘No son 30.000’ decía Lopérfido ¿no? ¿Sabe lo que yo le contesto a eso? ¡Pueden ser más! Porque nosotras siempre les hemos pedido a las Fuerzas Armadas que digan toda la verdad. Los desaparecidos pueden ser más, y ellos lo saben. Ellos dicen ‘Son 10.000, son muchos menos’ Eso es negacionismo. ¿Y de la Shoá qué dicen? ‘No son seis millones. Son cinco. Son cuatro, tres, dos, uno’, ‘no existió’ Eso es el negacionismo.

- En Europa hay leyes que lo penalizan.

- Por supuesto. Pero acá en la Argentina hicimos algo verdaderamente ejemplar. Después de los años que pasamos sin que hubiera justicia, acá se procesó, se condenó y se mandó a la cárcel a muchos responsables de los crímenes. Y los procesos continúan. Y las causas continúan. Eso es mucho más fuerte de lo que se hizo en cualquier país de Europa después de la guerra.

- ¿Le parece a usted que “Memoria, Verdad y Justicia” es una consigna para mantener en los tiempos que vienen?

- Sí, es una consigna que debe mantenerse. Aunque yo agregaría dos consignas que ya he visto que tienen buena recepción en los jóvenes. Una la heredé de una amiga mía, milanesa como yo, que es la Senadora vitalicia Liliana Segre. Ella es sobreviviente de Auschwitz y como Senadora organizó una campaña política contra el odio. No el odio entre personas, el odio menor, sino ese odio que inculcan los grandes poderes cuando necesitan echarle la culpa a alguien o encontrar chivos emisarios. Entonces, con mucha rapidez inculcan el fanatismo y el odio, que llevan a las persecuciones y a los genocidios. “Nunca más el Odio”, entonces, sería una consigna para agregar. Y la otra consigna que debemos impulsar es “Nunca más el Silencio”. En momentos terribles de la humanidad hemos visto que muchos callan y miran para otro lado. Ahí es cuando se debe romper el silencio.

--¿Vale para las democracias?

-- ¡Sobre todo en las democracias! Gracias a las democracias podemos actuar, con estrategias a nuestro alcance. Y si hay censura, implícita o explícita, nos queda siempre la plaza…

-- ¿La plaza como forma de expresión?

-- No sólo como forma de expresión, sino como una forma de actuar para detener las tragedias, ante las primeras señales, ante los primeros síntomas. Y después, hay que poner todo el empeño en educar y en hacer que la solidaridad se haga conciencia solidaria.

- Usted va a menudo a las escuelas, a contar la historia de las Madres. ¿Cuál es el mensaje?

-- Siempre les digo a los chicos, cuando voy a una escuela, que no nos pongan a las Madres en un pedestal, como heroínas que nunca tuvimos miedo. Eso no es cierto. Tuvimos miedo. Es humano tener miedo. Yo creo que lo que hicimos al principio, cuando fuimos a la plaza, salió de nuestras vísceras. Necesitábamos saber dónde estaban nuestros hijos, qué había pasado con ellos. Después sí, nos fuimos dando valor unas a otras y nos convertimos en un movimiento de resistencia.

-- ¿Cómo pasa este tiempo de aislamiento en su casa

-- Tengo una habitación llena de papeles impresos que casi no puedo leer, así que pedí que me instalaran en la computadora un sistema para no videntes, de modo que puedo pasar el escáner por cualquier escrito que no sea caligráfico y escucharlo y archivarlo. Fue un trabajo que siempre postergué, postergué, postergué. Todo el mundo me decía ¿cuándo vas a hacer tu archivo? Bueno, ahora empecé. Empecé por lo de este año y por el año pasado, a tirar papeles que no sirven por un lado y a guardar lo que es valioso por otro.  La perspectiva de aislamiento es larga, así que tengo tiempo para trabajar en esto.

Oscar Taffetani