El rol de la Inteligencia militar en el asalto de Montoneros al RIM29 de Formosa

04 de Octubre de 2021 |
El testimonio del excapitán Omar Barbieri al cumplirse 46 años del ataque. "El teniente coronel Luis Pelchot sabía lo que iba a ocurrir, por tener conocimiento de los agentes de Inteligencia del Ejército infiltrados", señaló.

Foto: Tito Lapenna
Foto: Tito Lapenna

El 5 de octubre de 1975, la organización “declarada ilegal en segundo término” (eufemismo que la prensa de entonces utilizaba para eludir la prohibición de nombrar a Montoneros) registró las consecuencias de una operación guerrillera de grandes proporciones, que causó la muerte de 12 soldados –varios de ellos conscriptos- y la de un policía y al menos tres civiles, sin contar los heridos y hasta algún desaparecido.

El hecho, gravísimo si se tiene en cuenta que tuvo lugar bajo un gobierno constitucional (si bien era un gobierno en donde ya se padecía el terrorismo de Estado), fue la excusa del presidente provisional Ítalo Argentino Luder para firmar, en menos de 24 horas, los decretos 2771/75 y 2772/75  –llamados “de aniquilamiento”- en los que se ampliaba un permiso para la represión ilegal ya extendido a las fuerzas armadas y de seguridad en el territorio de Tucumán, en donde se estaba ejecutando el Operativo Independencia.

El ex capitán Omar Barbieri, de 21 años, revistaba con el grado de subteniente en el Regimiento de Infantería de Monte 29 (RIM 29, en la jerga) y fue testigo presencial de los hechos. Su primera declaración fue ante un juez de instrucción militar el 13 de octubre de 1975. Aquella declaración “desapareció, según pude comprobar en 1987, al ver el expediente del sumario de justicia militar, en donde mencioné dos puntos importantes”, relata Barbieri en su escrito.

“Primero. Me resulta muy extraño que al Regimiento se le había provisto en abril de 1975 de una moderna alarma a botonera que nunca se instaló y que el 5 de octubre se encontraba en el Depósito de Arsenales. Segundo. Al culminar el enfrentamiento, el segundo jefe, teniente coronel Luis Plechot, se detuvo muy cerca de mí, donde se encontraba un cuerpo al que le revisó su espalda, como venía haciéndolo con todos, muy nervioso y con los ojos llorosos me dijo con tono secreto ‘este muchacho es personal de Inteligencia del Ejército, estaba infiltrado, lo pude identificar por su gran lunar en la espalda; son tres, pero los otros dos lograron escapar’, y lo hizo separar del resto de las personas fallecidas”

“Como parte de mí investigación –continúa el escrito de Barbieri- otros hechos llamativos son: Como una premonición de lo que ocurriría, en septiembre de 1975 casi un mes antes del ataque, el Coronel Dardo Argentino Oliva nuestro Jefe nos dio una clase sobre la seguridad del cuartel, ¡Oh sorpresa! mencionó que la vía de acceso y escape ante un ataque era por avión, con apoyo terrestre y que el ingreso de los atacantes tenía que ser por el fondo del cuartel como ocurrió el 5 de octubre. El viernes 3 de octubre, el Coronel Oliva se fue a un torneo de polo inexistente, a tal punto que no llevó ni sus caballos (esto me lo dijo el principal Venica, encargado de la sección Veterinaria)”.

En otra parte de su relato, Barbieri recuerda el caso de la señora Eva Queirolo, madre de la prometida del subteniente Ricardo Massaferro, caído en la defensa del Regimiento, quien fue enterrado días después en el cementerio de la Chacarita, Buenos Aires.

Al llegar el féretro a la explanada, con presencia de los más altos jefes del Ejército (entre ellos, el comandante en jefe Jorge Rafael Videla), la señora Queirolo le habría gritado ¡Asesino! al futuro genocida. Años más tarde, al visitarla Barbieri en su casa del barrio de Belgrano, Buenos Aires, Queirolo le habría confirmado que fue ella quien increpó a Videla y también le contó que camaradas en actividad le habían dicho a su marido “que la cúpula del Ejército, junto a la Inteligencia, sabían mucho sobre el ataque al regimiento de Formosa, y hasta la fecha probable en que se iba a producir”.

“El teniente coronel Luis Pelchot –relata Barbieri en su escrito- sabía lo que iba a ocurrir, por tener conocimiento de los agentes de Inteligencia del Ejército infiltrados. Por eso, ese fin de semana llevó a su casa: “un casco, un fusil FAL, dos portacargadores de cuero y cinco cargadores con munición de guerra”, lo mismo que su gran amigo el Mayor Ducros, oficial de Operaciones e Inteligencia del Regimiento.”

“En 1983, luego de mucha insistencia, logré encontrarme con el teniente coronel Luis Plachot y en un momento de nuestra conversación le pregunté directamente ‘¿Usted sabía con anticipación que íbamos a ser atacados?’, a lo cual me contestó: ‘Sí, pero es mejor olvidarse de todo esto; está por llegar la democracia y debemos tener mucho cuidado con lo que decimos’. Yo insistí: ¿cómo puede dormir tranquilo sabiendo todas las vidas que se perdieron?’ Y me dijo: ‘Muchas veces lo he pensado, pero tenga en cuenta Barbieri que, si hubiera avisado, no estaría hablando con usted ahora: me habrían matado por traidor’…”

“Conocí personalmente –escribe Barbieri- a Luis Roberto Mayol, un muchacho santafecino que estaba haciendo su servicio militar. Provenía del Batallón de Arsenales 121, San Lorenzo, provincia de Santa Fe. El 21 de mayo de 1975, en el intento de copamiento de su unidad, se dijo que lo habían visto ingresar de civil armado, como integrante del grupo atacante. Por eso lo enviaron a Formosa, algo que resulta muy extraño. No tengo ninguna duda que lo envió la Inteligencia del Ejército con el propósito de dar información para planificar y ejecutar el accionar de Montoneros”.

“Ya a esta altura de mis vivencias –afirma Barbieri en su escrito- es evidente que, como me dijo con total seguridad mí estimado maestro el Coronel Horacio Ballester, “los decretos presidenciales 2771/75 y 2772/75 que firmó en la mañana del 6 de octubre de 1975 el presidente provisional Italo Luder (ante la ausencia de la presidente María Estela Martínez, viuda de Perón), ya estaban preparados”.

“No tengo ninguna duda –finaliza Barbieri-  de que la cúpula del Ejército encabezada por el genocida general Jorge Rafael Videla, junto a la maldita Inteligencia de Ejército en ese momento, colaboraron con Montoneros induciéndolos a atacar el cuartel de Formosa y que manejaron toda la operación con los agentes de inteligencia infiltrados. Ellos traicionaron a sus propios camaradas sin importar absolutamente nada, siendo los reales responsables de todo lo ocurrido. Las víctimas de su accionar fueron todos jóvenes argentinos que vieron truncadas sus vidas a muy corta edad. Y reitero: sin distinción alguna. Todos fuimos víctimas”

OFT - Télam