5 de Septiembre: Homenaje a mujeres indígenas, luchadoras por la identidad y contra el racismo

05 de Septiembre de 2020 |
El Día Internacional de la Mujer Indígena fue instituido en recuerdo de una líder aymara ejecutada por el poder colonial. 

Transmitir las lenguas ancestrales; preservar los propios territorios; terminar con el racismo y las prácticas patriarcales y poner fin al abandono estatal, todo forma parte de la lucha que hoy reivindican también las mujeres indígenas en la Argentina. Desde Jujuy, Chaco y Mendoza, ellas dieron su testimonio a Télam, al conmemorarse este 5 de septiembre el Día Internacional de la Mujer Indígena.

"Mi papá no quería que nos involucráramos en la causa indígena porque tenía miedo por la discriminación que podíamos sufrir", contó Rosario Virginia Hilario, desde San Pedro, Jujuy. De niña, ella descubrió que su papá, su mamá, su abuelo y otros familiares cercanos hablaban otra lengua distinta al castellano: "Ahí nos dimos cuenta de que somos descendientes Ava Guaraní".

Viki, como le dicen a Rosario en su comunidad, se comprometió con la lucha indígena "de manera contundente" a partir del 2010. Su activismo se centra en interpelar al Estado y en denunciar la pobreza en su comunidad.

"Tenemos oficinas indígenas, pero no son dirigidas por las comunidades o algún líder indígena. ¿Por qué? Porque el gobierno local tiene una política distinta a la nuestra y pone a quien quieren, y por derecho nos corresponde porque nosotros sabemos qué necesitan las comunidades indígenas", analizó.

En el Consejo de Líderes Indígenas hay cinco mujeres, una de ellas es Viki. Ella describió las dificultades cotidianas que las mujeres enfrentan, porque las cinco líderes "viajamos como podemos buscando a otras compañeras en la provincia para formarlas y capacitarlas. Muchas veces, nos encontramos con personas de las comunidades durmiendo en la calle o con días sin comer".

Para Viki, su lucha más fuerte “es el protagonismo como mujeres; somos quienes enseñamos a nuestros hijos a fortalecerse sin perder la identidad, nuestro trabajo es doble".

Desde Chaco, Josefa, del Pueblo Wichí, habitante de El Impenetrable, dijo "no recordar exactamente cuándo empecé con la lucha indígena, nunca lo pensé, fue desde muy chica".

El castellano es su segunda lengua y entonces habla despacio, con calma y claridad: "No sabía que era diferente hasta que empecé a estudiar a los 17 años. Cuando vivís en un pueblo chico, no te das cuenta de que sos indígena".

Cuando Josefa era chica, acompañaba a su mamá a buscar lo que necesitaban para vivir: frutas, raíces, miel y también insumos para elaborar sus artesanías. A cambio, les daban harina, azúcar y zapatillas.

"Los libros cuentan que los que se dedicaban a la pesca eran los hombres, pero las mujeres también lo hacíamos", cuenta Josefa. La diferencia era que ellas no usaban cañas con anzuelo, porque se metían en el río y atrapaban al surubí con sus propias manos. Dado que la madre de Josefa era soltera, se juntaba a compartir la pesca con otras mujeres en la misma situación.

Hoy vive en comunidad a orillas del río Teuco, en lotes con distintas familias y reconoció que la lucha de las mujeres "es mantener la lengua materna en las generaciones que vienen, porque es el hilo lo que queda, de todo lo que nos quitaron. Si dejamos de hablar y de enseñar a nuestros chicos, va a desaparecer la lengua y no vamos a poder decir que somos Wichí, que somos pueblos indígenas".

Para Eleonora Llanquinao, las recetas, la manera de sanar y de curar, las plantas medicinales, las reuniones familiares y las tortas fritas o los delantales son imágenes que la acompañan desde niña, cuando aún no sabía de su identidad Mapuche.

A los 12 años le preguntó a su papá de dónde eran y por qué eran morochos. "Sí, somos indios", le dijo su papá. "Pero ¿qué indios? ¿de dónde?, increpó Eleonora con 12 años y la escueta respuesta fue: "De por ahí, de la zona de Malargüe".

Ése fue el puntapié para que empezara a reconstruir su historia. Buscó en los manuales de la escuela para averiguar qué pueblos vivían por esa zona y sólo halló la categoría de "recolectores y cazadores". "Quizás alguno decía ‘Pehuenche’, con suerte. Era muy difícil rastrear una raíz que intencionalmente fue siempre negada", explicó en diálogo con esta agencia.

En ese proceso, ella y sus hermanos comenzaron a acompañar las luchas y la militancia por los derechos humanos.

"Muchos de nosotros, en nuestro documento, tenemos apellido de generales que participaron de la Campaña del Desierto; entonces, para mi familia, fue muy fuerte el darnos cuenta y conocer esa parte de la que no se quería hablar. Ahí empezó una lenta reconstrucción, con otras mujeres", relata.

En ese camino, se juntaron a debatir con otras mujeres más grandes y con generaciones más chicas, para conversar, intercambiar y recuperar saberes, de modo que no caigan en el olvido.

Eleonora y sus compañeras construyen desde el feminismo comunitario y no desde el "feminismo blanco", porque saben que son realidades diferentes.

"Lo importante que es recuperar conocimientos, oficios y muchas otras cosas necesarias para poder construir un mundo mejor, está más que nada en manos de nosotras, las mujeres indígenas, quienes fortaleciéndonos podemos generar otro mundo, otra búsqueda de verdades", sentencia.

Sobre el racismo en la Argentina, que para Eleonora fue "impuesto desde los sectores de la oligarquía y desde la misma memoria", ella interpela: "¿Por qué no hace el mismo ruido el femicidio de una mujer blanca que el de  una mujer indígena?".

El Día Internacional de la Mujer Indígena fue instituido en 1983 en homenaje a Bartolina Sisa Vargas -heroína nacional aymara en Bolivia- durante el segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América reunido en Tiwanaku para reivindicar las luchas que las mujeres indígenas han llevado y llevan adelante en distintos rincones del hemisferio y sobre todo en América Latina.

Por Lucía Ríos