La serie Ayotzinapa: la esperanza vive reconstruye en la voz de los sobrevivientes una "operación masacre" mexicana ejecutada en 2014

23 de Febrero de 2021 |
La investigación sobre los 43 normalistas desaparecidos entre el 26 y 27 de septiembre de 2014, tras un ataque policial y parapolicial en Iguala, fue tema de distintos documentales. Ahora, una serie abierta de la TV mexicana se pone en sintonía con la voluntad del gobierno de López Obrador de buscar definitiva verdad y justicia para ese crimen de lesa humanidad.
Por Oscar Taffetani

En el bicentenario de la Independencia de México y al cumplirse este mes de febrero fechas históricas que tocan a la ciudad de Iguala y al estado de Guerrero, no podía ser más oportuna la proyección de una serie de TV que se ocupa de la desaparición forzada de 43 estudiantes de un contingente de 110 o 120 que pretendía llegar a la capital del país para conmemorar la histórica Masacre de Tlatelolco, cuando fuerzas de seguridad del Estado reprimieron con violencia una protesta estudiantil y causaron más de 300 muertes, el 2 de octubre de 1968.

Desde los hechos de Ayotzinapa (el pueblo donde funcionaba una escuela normal rural en la que se formaban los estudiantes desaparecidos) varias producciones documentales mantuvieron de algún modo encendida la llama y el reclamo de justicia. Podemos citar, entre ellas, Ayotzinapa: crónica de un crimen de Estado, de Xavier Robles (2014); Mirar morir. El ejército en la noche de Iguala (Témoris Grecko, 2015); Ayotzinapa 26 (documental colectivo de 2016); Ayotzinapa: el paso de la tortuga (Enrique García Meza, 2018) y Los días de Ayotzinapa (Matías Gueilburt, 2019) La limitación natural de esos documentales, semi-documentales y videos elaborados con la participación de familiares y sobrevivientes, era que la investigación policial y judicial de los hechos avanzaba a paso de tortuga o bien tomaba por caminos errados, debido a la labor de encubrimiento que cumplían funcionarios del Estado que formaban parte de la red criminal.

Ayotzinapa: la esperanza vive, aunque se adivina allí un gran trabajo de equipo, lleva las firmas de Krishna Corona Suárez, titular de la llamada División de Programas Informativos y Noticias y de Jenaro Villamil, presidente del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano. En otras palabras, se trata del Estado dispuesto a difundir las alternativas de la investigación de un crimen de Estado. No es poco.

Si Rodolfo Walsh, investigador de la Operación Masacre, y su amigo el realizador Jorge Cedrón, autor del film Operación Masacre, hubieran contado con un respaldo semejante en los años '70, la difusión de esas obras hubiera sido masiva y trascendente. Pero no vale la comparación, lo admitimos, puesto que han sido los cambios de escenario a nivel mundial y el nacimiento de un inédito movimiento por los Derechos Humanos lo que movió a los gobiernos e hizo andar hoy, aunque sea un poco, las ruedas oxidadas de la Justicia.

Los capítulos editados y emitidos hasta ahora de la serie ofrecen una secuencia previsible, aunque no menos valiosa. Primero, hablan algunas víctimas sobrevivientes, que figuran con sus nombres y apellidos o simplemente con sus apodos: Guicho, Cartílago, Crispín, Soto, Maganda...

No todos los sobrevivientes de Ayotzinapa (alrededor de ochenta) quisieron dar testimonio del horror vivido. Y ni siquiera una mayoría de ellos. Ocurre que aunque las instituciones comiencen a funcionar de un modo más democrático en México, la presencia amenazante del narco y una cotidianidad de la violencia que remite a otros momentos de la historia del país azteca seguramente llaman a silencio y a prudencia a muchos testigos de las masacres, quienes podrían hablar y ayudar a conocer la verdad.

Más adelante aparecen referentes sociales e historiadores que ponen en contexto la ofensiva del nuevo establishment mexicano contra las escuelas normales rurales creadas a principios del siglo XX por decreto de Morelos, con el propósito de que los campesinos accedieran a otras formas del saber y de los oficios que rara vez llegaban al campo. Aquellas escuelas eran y son, entonces, tanto en el siglo XX como en el XXI, un "lastre" de la vieja Revolución, que resiste a la violenta reconversión de las últimas décadas

Otro episodio clave, que hizo abandonar las pistas falsas y condujo a esa evidencia indispensable para reconstruir los hechos, fue establecer la identidad de restos hallados en la zona en que se produjo la desaparición: basurales y vaciaderos en donde el rastrillaje de los antropólogos pudo individualizar 63.000 fragmentos óseos de origen diverso. De allí emergieron, gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense y a los estudios de la Universidad de Innsbruck, los nombres e identidades de Jhosivani Guerrero de la Cruz, Alexander Mora Venancio y Christian Alfonso Rodriguez de Lumbre, tres de los estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos.

Finalmente - en una historia que ofrece no pocas semejanzas con otras que hemos vivido los argentinos- están los prófugos, los que eluden a la Justicia y buscan ampararse en las prescripciones y en las figuras penales ordinarias para dejar que el tiempo y el olvido consagren la impunidad. En este documental aparecen tres: un jefe narco del clan Guerreros Unidos llamado José Ángel Casarrubias Salgado (a) El Mochomo; Carlos Arrieta, exjefe de la Policía Federal Ministerial y Tomás Zerón de Lucio, ex titular de la Agencia de Investigación Criminal (AIC), cuya extradición está siendo solicitada por la Justicia mexicana a Israel.

Ayotzinama: la esperanza vive es una serie abierta, ya que sus últimos capítulos aún no han sido grabados ni emitidos. Su propósito es acompañar y ampliar, desde un medio público como es el canal 14 de la televisión azteca, lo que ya es un reclamo popular y legítimo de Justicia, para que al cumplir 200 años de su Independencia, México pueda dar vuelta ciertas páginas dolorosas de su pasado para construir un presente de libertades, garantías y derechos para todos.

Primeros capítulos de la serie

Los sobrevivientes

Los origenes

Basurero Esperanza