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11/06/2015

Fue secuestrado por el Ejército y la Armada. Declaró ante el TOF marplatense 

Camilo Alves: “Está en sus manos terminar con la impunidad y evitar la gestación de otro Videla"

 
 
 
 
  • Memoria Verdad y Justicia - Télam
    Vista de "La Cueva", uno de los CCD que funcionó dentro de la Base Naval de Mar del Plata
El periodista Camilo Alves, que fue secuestrado por el Ejército en 1975 y luego por la Armada el día antes del Golpe de Estado de 1976, reafirmó ante la Justicia la
vinculación de ambas fuerzas en la represión ilegal y reclamó a los miembros del Tribunal “terminar con la impunidad” y evitar que “dentro de dos o tres generaciones otro (Jorge Rafael) Videla venga por mis nietos o los suyos”. “Si (el coronel Federico) Rauch y (el ex presidente Julio) Roca hubieran muerto en prisión, condenados por masacrar a los indios, (el teniente coronel Héctor) Varela no hubiera causado la matanza de la Patagonia Trágica”, evaluó Alves y consideró que acaso tampoco se hubieran producido los golpes de Estado que siguieron.

"Pero no fue así, y un siglo después del genocidio causado por Roca llegó el que encabezó Videla", reflexionó y afirmó que “mientras haya impunidad, la tortura sigue”.
Alves declaró en la primera audiencia de testimoniales ante el Tribunal Federal de Mar del Plata, realizada ayer en el marco del juicio Base Naval 3 y 4, donde se juzga el accionar de la Fuerza de Tareas N°6 de la Armada y su coordinación con el Ejército.

En la causa están imputados Juan José Lombardo, Justo Alberto Ignacio Ortiz, Roberto Luis Pertusio, Alfredo Manuel Arrillaga, Raúl Alberto Marino, Mario José Osvaldo Forbice, Rafael Alberto Guiñazú y Juan Eduardo Mosqueda, por su actuación en los centros clandestinos de detención que funcionaron en la Base Naval local, en la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina (Esim) y en la Prefectura Naval.

“Van cicatrizando las heridas físicas pero las psíquicas siguen abiertas”, dijo el testigo ante el tribunal integrado por los jueces Mario Alberto Portela, Néstor Rubén Parra, Alejandro Daniel Esmoris y Jorge Aníbal Micheli.

En su testimonio, Alves manifestó que cada 17 de diciembre, el día que fuerzas del Ejército y la policía lo secuestraron por primera vez; y el 23 de marzo, cuando lo capturó la Armada, siente necesidad de salir temprano de su casa, sentarse en un bar cerca de alguna ventana a ver la luz del día y gente pasar.

“Es para contrarrestar la oscuridad de la capucha” que le tapó el rostro mientras duró su cautiverio, dijo y añadió que luego “camino una, dos o tres cuadras, desafiándome a no mirar para atrás o detenerme a ver si me siguen”.

El testigo, que militaba en el Peronismo de Base, fue secuestrado por segunda vez horas antes del Golpe Cívico Militar, cuando estaba en la casa de sus padres, en Miramar. Hasta allí llegaron fuerzas de la Armada, rompieron la puerta de entrada y después de identificarlo, lo golpearon, le ataron las manos, le pusieron un suéter en la cabeza y se lo llevaron en un camión. “Ahí empezó la tortura”, dijo Alves al recordar que antes de que le cubrieran los ojos vio a su madre en el suelo y golpeada, y luego se enteró que su padre salvó por poco su vida. “A ella la tiraron al suelo y a él le pegaron un culatazo en el pecho; fue del lado derecho, si hubiera sido del otro, donde llevaba un marcapasos, probablemente no hubiera sobrevivido”, memoró.

Tras su secuestro, fue trasladado a la comisaría de Miramar y luego a Mar del Plata, donde después de pasar la noche tirado en una playa, atado, encapuchado y a la intemperie, fue llevado al El Grupo de Artillería Antiaérea (GADA), donde sin capucha, pudo reconocer a otros detenidos y, por los comentarios que escuchaba, advertir que se había producido un Golpe de Estado.

Posteriormente lo trasladaron a la Base Naval donde pasó varios días en cautiverio en Base Naval, encapuchado, con las manos atadas y sometido a torturas e interrogatorios en demanda de información sobre las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas) a las que sus captores lo vinculaban.

El día que lo liberaron, lo subieron a un auto y tras dar muchas vueltas, le dijeron que lo matarían y lo tirarían desde la barranca al mar. Finalmente, lo dejaron en la rotonda de la ruta 11, frente al Faro y en inmediaciones de la ESIM, con orden de regresar a su casa y quedarse allí, pero él desconfió y prefirió resguardarse e irse del país. “No volví a mi casa porque sospeche que me habían liberado para matarme”, dijo.

Cuando las defensas tuvieron oportunidad de hacer preguntas, tomó la palabra el defensor oficial José Galán, quien interrogó insistentemente si había recurrido a la Justicia cuando recuperó su libertad. Alves explicó que al salir confirmó efectivamente que había habido un golpe de Estado, y que lo habían dado quienes lo secuestraron. “En lo único que pensé entonces fue en irme de la Argentina”, dijo, y ante las repreguntas fue más claro aún: “Señor, no existe la legalidad en estas circunstancias. No llegaron a mi casa con un exhorto judicial; entraron rompiendo la puerta, golpearon a mi familia, me golpearon a mí y me sacaron con un pulóver atado a la cabeza para taparme los ojos. ¿Cuál es la instancia legal que cabe en estas circunstancias?”.

Tras considerar que los miembros del Tribunal “están juzgado con leyes hechas para los hombres a seres inhumanos”, les dijo que “está en sus manos terminar con la impunidad y evitar la gestación de otro Videla, que dentro de dos o tres generaciones venga por mis nietos o los suyos”.

 
 
 
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