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06/08/2013

Homenajeó a los militantes del Movimiento Villero Peronista (MVP) 

ESMA: Conmovedor testimonio de Mercedes Mignone, hija de Fermín y hermana de la desaparecida Mónica

 
 
 
 
  • Memoria Verdad y Justicia - Télam
    Mónica Mignone. Su secuestro y desaparición cambió la vida de la familia, y echó a andar una de las más importantes organizaciones de DDHH.
Hija de Emilio Fermín Mignone, fundador del CELS, Mercedes contó cómo fue secuestrada en 1976 su hermana Mónica y cómo fue aniquilado el grupo social cristiano --vinculado a Montoneros-- que trabajaba junto a los habitantes de la villa del Bajo Flores, en la Capital Federal. La testigo pidió que se proyectara en la sala una fotografía donde aparecen esos militantes y en base a la foto fue reconstruyendo la historia y aportando datos no sólo sobre Mónica, sino también sobre César Lugones, Horacio Pérez Weiss, Mónica Quinteiro, María Marta Vásquez de Lugones y Beatriz Carbonell de Perez Weiss.El testimonio conmovió a la audiencia y al tribunal, en una nueva jornada del juicio por crímenes cometidos en la ESMA.

A continuación, la descripc ión de la audiencia preparada por el Espacio para la Memoria:


 

El testimonio de Mercedes María Mignone, hermana de Mónica

La testigo mostró una foto de su hermana, quien tenía 24 años de edad cuando fue desaparecida. Juró decir la verdad y empezó a declarar: “Esa mañana, a las 5:00 am, empezamos a escuchar el timbre. Sonaba sin parar y golpeaban la puerta. Mis padres se despertaron y fueron hacia la puerta. Mi padre preguntó qué pasaba y le dijeron que eran las Fuerzas Armadas, a los gritos, violentamente”, contó Mercedes.

Pidieron identificación y mostraron ametralladora 

“Mi padre pidió la credencial y le mostraron una ametralladora. En ese momento pensó que lo irían a buscar a él, porque era rector de la Universidad de Luján y había muchos rectores presos en ese momento. Estábamos con mi mamá, mi papá, Javier y dos primas, María Rosa y María Eugenia. Cuando entran preguntan por Mónica. Fueron a su habitación y la despertaron. Le preguntaron dónde estaban sus cosas y revisaron los cajones, empezaron a sacar sus carpetas, material de trabajo y estudio. Ella era psicopedagoga. Una de mis primas, que tenía 21 años, se hizo la dormida: le quedaron grabados los golpes. Después encontraron una revista de política: ahí mi papá les dice que había miles de revistas de todo tipo en el departamento. Le dijeron a Mónica que se fuera a vestir”, relató la testigo.

“Se notaba que no se quería despedir”

“Entramos al baño juntas, mientras ella se cambiaba. Nos miramos las dos, con una mirada profunda de pánico que te queda para toda la vida. Ella me dice que les vaya a avisar a María Marta y César”, contó Mercedes, y agregó que “nos dicen que la van a llevar a Mónica para hacerle unas preguntas por una amiga de ella, que llevara dinero para el colectivo, porque en dos horas iba a regresar. Mi mamá alcanza a darle un calmante. Mónica saca su portacosméticos que tenía en la cartera y lo pone en la mesa de la cocina. Dijo que no lo iba a necesitar. Nos saludamos con un beso, ella era siempre cariñosa. Fue un beso muy dulce, pero se notaba que no se quería despedir. Se la llevan. Mi hermano se asoma por la ventana y ve que la hacen entrar en un auto Falcon, ve dos o tres Flacon. Ve que la ubican entre dos de las personas que la fueron a buscar. Después supimos por la encargada del edificio que ellos habían violado la cerradura de la puerta del edificio”, contó Mercedes Mignone.

“Me olvidé de decir que ellos dijeron que la llevaban al Regimiento de Patricios Número 1. En un momento le dicen a mi papá que ellos no perseguían a la gente por sus pensamientos políticos. Mi papá baja para seguirlos, pero habían desinflado las cuatro gomas del auto. Mi mamá y mi hermano Javier van enseguida a la casa de María Marta y César. El encargado del edificio dice que ya se lo habían llevado. Después mis padres van al Regimiento de Palermo y les niegan que estuviera ahí”, agregó.

La búsqueda: carta abierta de Mignone a Videla 

“Al poco tiempo, mi papá le escribe una carta a Videla. Yo me acuerdo haberla llevado al trabajo. La repartíamos también que todo el mundo estuviera enterado. Esa carta, a través de un hermano de mi papá, amigo de una hermana de Videla. Se la entrega personalmente a Videla, pero nunca contesta nada. A los nueve días nos enteramos de que iban a la villa del Bajo Flores. Nosotros éramos muy amigos del Padre Ricciardelli, que vivía ahí. Él le cuenta a mi papá que la Marina se llevó gente de ahí”, sostuvo Mercedes, y agregó que su padre y el de María Marta Lugones se entrevistaron con Oscar Montes (imputado) y les dijo que no tenían a “los chicos”, pero sí a los curas Yorio y Jalics: “a esos curas los tenemos nosotros”.  

La Iglesia del silencio

Mercedes Mignone contó que su padre se entrevistó con los Monseñores Aramburu y  Bergoglio, quien “era muy ambiguo: a veces decía Junta Militar asesina y otras veces los justificaba. Mis papás habían sido de la Acción Católica e intentaron entrevistarse con Tórtolo y Prima Testa, pero ellos se negaron, dijeron que no se iban a meter con el tema de los desaparecidos, que no iban a hacer nada”, declaró la testigo. 

“Asesoramos problemas de terroristas”

Emilio Mignone comenzó a ayudar a otros familiares en la búsqueda de sus seres amados detenidos-desaparecidos. “Durante todos los años de la dictadura estuvimos muy controlados, vigilados. Tengo una foto, es una pintada que nos hicieron en la puerta”. Contó Mercedes. La imagen dice: “Emilio Mignone: asesoramos problemas de terroristas”. 

Las luchas 

Mientras Emilio Mignone seguía asesorando a familias, su compañera, Angélica Paulo Sosa, se incorporó al grupo de Madres que buscaban a sus hijas, quienes luego formaron una agrupación. En la casa de la familia Mignone se gestó el CELS, organismo querellante en la megacausa ESMA. 

Cambiar lo injusto

Mercedes recordó el compromiso solidario de su hermana Mónica: “siempre fue muy protectora de los desposeídos, a eso lo mamamos de nuestros padres, estar siempre pendiente del prójimo, especialmente del más vulnerable”. También contó sobre la participación en la villa del Bajo Flores, con “clases de apoyo y recreación. Así comenzamos a ir, no sólo gente joven, mi mamá y el papá de César, que era médico, también. Se armaron comisiones vecinales: de empedrado, limpieza de sanjones, para llevar agua…”. Mónica militaba en el Movimiento Villero Peronista Lealtad. 

Para finalizar su testimonio, Mercedes Mignone resaltó que “ellos no tuvieron el derecho que están teniendo ustedes, los represores, al tener una defensa. Quiero homenajear a Mónica, César, Beti, Horacio, María Esther y Mónica Quintero. Nunca llegaron a tener la posibilidad que tienen ellos de una defensa. Quiero agradecer el trabajo que han hecho tanto mi mamá como mi papá: gracias a ellos se llegó a estos juicios. Espero que podamos continuar y llegar a saber toda la verdad y que ustedes puedan colaborar con esto”. 

El caso de María Esther Lorusso Lamle (nro. 11)

El 14 de mayo de 1976, aproximadamente a las 0:30 horas, fue privada ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley en su casa, en Bulnes 469, 9º C, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El operativo estuvo a cargo de miembros del grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA, uniformados y con armas largas. Dijeron pertenecer a las Fuerzas Armadas. Fue llevada a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. Sigue desaparecida. 

El testimonio de Luis María Lorusso Lamle, hermano de María Esther 

“María Esther tenía 22 años, era de nacionalidad peruana. Nosotros somos seis hermanos, dos nacidos en Perú. Manteníamos esa ciudadanía en esa época. Ella era empleada administrativa en la empresa Alpha Textil, no recuerdo dónde quedaba”, contó el testigo al iniciar su declaración. 

El grupo del Bajo Flores

María Esther fue secuestrada y llevada a la ESMA, donde también fueron desaparecidos sus compañeros: Beatriz Carbonell de Pérez Weiss (caso 12), Horacio Pérez Weiss (caso 13), César Lugones (caso 14), María Marta Vásquez (caso 15),  Mónica Mignone (caso 16) y Mónica Quintero (caso 17). “Esas personas tenían relación entre sí por varios motivos: eran ex alumnos de Nuestra Señora de la Misericordia, y, por otro lado, hacían trabajo social en la villa del Bajo Flores”, relató Luis.  

Todo desaparecido

Luis también contó que su hermana estaba por casarse, por eso había comprado algunas cosas días antes de su desaparición forzada. Cuando la familia pudo entrar a la casa después del secuestro vio “todo revuelto, colchones cortados con corta pluma, una cantidad enorme de libros”. Sobre las cosas compradas con su novio, Luis sostuvo que “muchas de estas cosas no estaban. Había latas de cerveza, cigarrillos, muebles dados vuelta, discos rayados, como los de Mercedes Sosa, toda la música que se consideraba no apropiada en ese momento. Había panfletos que no leí. No estaba nuestra hermana”.

La búsqueda de María Esther: una carta a Videla

“Hicimos varias cosas, como contactarnos con familiares de las personas relacionadas. Con las personas que más relación tuvimos siempre fue con la familia Mignone: Emilio, Chela y sus hijos. Emilio y mi madre participaron juntos de varios trámites que se hicieron, como pedidos de hábeas corpus. Le escribí una carta a Videla, se la entregué personalmente al Ministro del Interior, me hice firmar una copia, no la encuentro, a esa copia también la envié al Vicario Castrense Monseñor Tórtolo, también al agregado civil de la embajada de Perú, dado que mi hermana era peruana. Se hicieron varios trámites de ese tipo, los recursos de hábeas corpus presentados siempre eran negativos. Se hizo una presentación de hábeas corpus colectivo, fue la primera vez, lo vi en el diario Crónica del 30 de junio de 1977. Tengo el original del diario. Hubo una afinidad para tratar de averiguar. Era muy difícil para nosotros encausar esto, no había mucha posibilidad de averiguar algo. En ese momento se sabía más afuera que adentro. En algún momento nos enteramos sobre muchas más desapariciones a través de correspondencia de gente de afuera del país”, declaró Luis. 

Plata por información

“En el año 1977 mi madre se entera por otros familiares que en el 501, en la calle Juan B. Justo, había una persona que daba información sobre desaparecidos, y que cobraba. A pesar de lo que significaba esto, tomamos la decisión de llevar a cabo esta posibilidad. Era una de las pocas alternativas que veíamos. Mi madre asistió en dos oportunidades, firmó un libro de ingreso al Regimiento. La atendió un sargento ayudante, que se llamaba Ruíz. Le dijo que mi hermana estaba viva, que es una perejila, que estaba en la agenda de una persona y que le tenía que llevar dinero. Nosotros pagamos”, contó Luis, pero no recibieron información.

En el mismo predio del Ejército consultaron a Ferro, quien era “capitán o coronel”. Les dijo que “él podía asegurar que nuestra hermana no había estado en el Ejército, que había intervenido la Marina. Después mi hermano Arturo, también en el año ´77, tuvo varias charlas con una persona que creo que era, disculpe si me equivoco los rangos, de nombre Aldaño, que después de varios intentos de conversar con él logra entrevistarse y le dice que mi hermana había estado dos días en la ESMA y que luego había sido trasladada a la comisaría 19, y posteriormente a un Penal del interior”, relató el testigo.

Juicio a Videla   

“En el año ´77 mi hermano Arturo le inicia un juicio a Videla: Lorusso Arturo c/ Videla. Solicita que lo tomen como querellante y como patrocinante al Dr. Mignone. Las cosas se van dilatando. Está la presunción de que el juicio pase a la justicia militar. Emilio Mignone le sugiere a mi hermano que se vaya del país, por la gravedad de la situación. Mi hermano se fue a Bélgica durante 23 meses con mi hermana Susana. Se hizo una apelación y se termina aceptando que el juicio no pase a la justicia militar. Emilio se vuelve a contactar con mi hermano para que regrese”, sostuvo Luis y agregó que el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales se constituyó como patrocinante cuando murió Emilio Mignone). 

Peronista 

Le preguntaron a Luis si María Esther tenía militancia política y dijo que “era peronista, no sé si esto responde la pregunta. Mi hermana había dejado de estudiar en la secundario, era una situación medio necesaria, porque la situación económica de la familia no era para nada brillante”.  

“Nosotros hicimos gestiones y aún las continuamos haciendo. Durante varios años, siempre, hubo noticias que daban la presunción de que mi hermana podía estar viva. Yo quiero expresar que desde hace 37 años desapareció, la sigo buscando y la voy a seguir buscando”, concluyó Luis Lorusso Lamle.  

El caso de Mónica María Candelaria Mignone (nro. 16)

Fue privada ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley el 14 de mayo de 1976, aproximadamente a las 5:00 horas, en su domicilio en Av. Santa fe 2949, 3º A, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El operativo estuvo a cargo de miembros armados y uniformados del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA, aunque se identificaron como pertenecientes al Ejército Argentino. 

Mónica fue llevada a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. Sigue desaparecida. 

El caso de José Manuel Moreno Pera (nro. 827)

Era militante de la JP (Juventud Peronista), delegado de la Administración General de Puertos y Aduana, y Vicepresidente de la Comisión Interna y Asociación Mutualista del Diario La Razón. El 3 de febrero de 1977 fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley. Su secuestro fue cometido en la vía pública, entre las 19:00 y las 20:00 horas, en el trayecto que unía su lugar de trabajo (Paso 151) y su casa (Fray Cayetano Rodríguez 300), en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 

José, “El Negro” o “Nito”, fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. Tenía 29 años de edad. Sigue desaparecido. 

El testimonio de Eva del Carmen Alderete, compañera de José

“El 3 de febrero del ´77 teníamos una cita en el Hospital Ferroviario Central, porque supuestamente teníamos que dejar un análisis que se hace normalmente para saber el grupo sanguíneo. Después de esperar que nos tocara el turno, me dijeron que era un error, que como allí había nacido mi hija mayor, Romina, no era necesario hacer el mismo trámite. Salió personal del Policlínico, no recuerdo si un médico o una enfermera. Dijo que no era necesario, que era un error, que los disculpáramos. Mi esposo tenía que ir a su lugar de trabajo y yo me quedé esperando. Vuelvo a mirar y mi marido no estaba en el colectivo. Muchos años después, tiempo después, me di cuenta de que para mí creo que hasta el día de hoy, fue allí donde lo estaban esperando, porque el 115 salía de la Terminal a dos cuadras del Policlínico Ferroviario. El colectivo estaba vacío, no había gente en la parada, fue la única persona que subió”, contó Eva.

Seguir esperando

Su hija tenía dos años y 10 meses y Eva estaba en el quinto mes del embarazo de su segunda hija, Marcia. José había renunciado al diario y trabajaba en un comercio textil, en la calle Paso 551. Militaba en la Juventud Peronista. “Yo estaba segura de que mi esposo volvía a mi casa, estuve segura por años”, dijo Eva en la audiencia de hoy. “Sigo parada en la puerta del Policlínico esperando que mi esposo levante la mano y digo chau. Muchos años después mis hijas se presentaron para dar una muestra de sangre por si alguna vez aparece. Ahí me entero por una testigo, Marta Álvarez, que mi esposo había estado en la ESMA”, agregó. 

Para concluir, Eva dijo que “esto me ha traído tremendas consecuencias. No sé por qué lo pregunto hasta el día de hoy. Yo también estuve detenida-desaparecida durante dos semanas, pienso que fue por… Nunca se dieron cuenta del daño tan grande que nos han hecho, que se me ha hecho, tanto a mi pareja, como a mí y a mis hijas. No fue fácil con una chica de dos años y medio y embarazada de cinco meses. Pido disculpas: antes que nada agradezco, por supuesto; ojalá todo esto me ayude a revertir esta vergüenza de ser argentina. Nada más”. 

Nota completa en Página/12

 
 
 
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