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12/05/2012

A la masacre le siguió una pueblada, ferozment6e reprimida 

Encarnación Díaz evoca los fusilamientos de 1972 y la solidaridad con los presos de Rawson y Trelew

 
 
 
 
  • Memoria Verdad y Justicia - Télam
    Trelew: los militantes de hoy evocan la militancia y la solidaridad popular de ayer.
Eduardo Duschatzky
Rawson (enviado especial).- Encarnación Díaz acudió con sus 83 años a todas las audiencias del juicio por la Masacre de Trelew, desde el pasado lunes, como estuvo presente antes en toda actividad en memoria de los prisioneros fusilados el 22 de agosto de 1972 en la base Almirante Zar de Trelew. “Aquel 22 de agosto el pueblo de Trelew quedó consternado y en un primer momento con cierta parálisis, que equivalía a decir: `cómo se animaron a tanto`”, dijo Encarnación a Télam, con la misma lucidez con la que habló el domingo último, en la víspera del comienzo del juicio, en un multitudinario acto en la base Zar, próxima a la ciudad, en la áspera estepa de la meseta patagónica.

Su indignación no cesa, ni aún 40 años después: “Además, los oficiales de la Armada faltaron a su palabra, porque los jóvenes se rindieron en el aeropuerto (tras la fuga del penal de Rawson del 15 de agosto) después de que les prometieron garantías. Pactaron frente a los medios de prensa y el juez (Alejandro) Godoy”. Acordaron que los devolverían a la misma cárcel, la Unidad 6,  pero “llegó la orden de llevaron a la base” Zar, donde el 22 de agosto fusilaron a los 19 prisioneros recapturados, de los cuales ese día murieron 16 y otros tres sobrevivieron con graves heridas.

¿Qué tenía que ver Encarnación con los fusilados? Ella se había radicado en Trelew en 1958, el mismo año en que Chubut adquirió la condición de provincia. Era docente. Y a comienzos de los `70 se sumó a la Comisión de Solidaridad constituida por vecinos “a partir del momento en que trajeron aquí, al penal de (la vecina) Rawson a los detenidos políticos”. “En la U6 estuvieron detenidos no solamente estos jóvenes, que después de la fuga fueron asesinados, había además muchísimos presos sin proceso, sin indicación alguna de porqué estaban detenidos pero con la calificación de `delincuentes subversivos`”.

Sobre esta calificación genérica, que la dictadura aplicaba a todos los presos políticos y sociales, Encarnación relata a este enviado lo que llama “una pequeña anécdota”. “El doctor Hipólito Solari Yrigoyen, que estaba detenido allí, quería tener sus lentes para poder escribir o leer y la esposa se los llevó a la U6. Cuando el carcelero se los fue a entregar, le dijo que tenía que firmar un papel que decía: `Consta la entrega al delincuente subversivo Hipólito Solari Yrigoyen…`. El se negó a firmarlo. Prefirió quedarse sin sus lentes, antes que convalidar esa calificación”, relató.

Le entrevistada se disculpa: “sé que estos reportajes tienen que ser cortos pero yo haría una historia de los pequeños detalles, muchas veces más elocuentes que los grandes trazos”. Así, cuenta que el sindicalista y líder del “cordobazo” Agustín Tosco, al salir de la cárcel en Rawson, cumplió su primer deseo de ir al mar, donde se mojó los pies, porque, explicó a quienes lo acompañaban, en la noche oía desde su celda el rumor del océano. “Esta gente luchadora, así como es gente de acción, también es poeta con su accionar. Hay poesía en la acción de un ser que lucha por los otros”, acotó.

Agregó que “la cárcel de Rawson en esa época estaba llena de sindicalistas”, entre los cuales el “Gringo” Tosco, dirigente de Luz y Fuerza de Córdoba y de la CGT de los Argentinos. “Tosco era un modelo de sindicalista honesto, combativo, con el sentido de combatir por los intereses de los trabajadores”, que “ni siquiera se tomaba a pleno su licencia gremial”, sino que periódicamente “volvía a su lugar de trabajo para estar cerca de los compañeros”.

El 15 de agosto de 1972 se fugaron de la cárcel de Rawson 25 prisioneros que integraban las organizaciones FAR, ERP y Montoneros, seis de los cuales consiguieron completar el escape en avión rumbo a Chile, mientras los 19 restantes, que no llegaron a tiempo, se rendían con garantías incumplidas por sus captores. “De alguna manera la fuga está considerada como un derecho, una tendencia casi natural del hombre prisionero, especialmente en dictadura. Tanto es así que, efectuada una fuga, no se pena en sí mismo por la fuga. Se abre, sí, una investigación por el hecho de cómo fue", reflexionó Encarnación.

En cuanto a la creación de la Comisión de Solidaridad con los presos políticos en Trelew, señaló que la dictadura de 1966-73 enviaba a los detenidos “a este lugar lejano, porque la Patagonia era un lugar lejano en esos tiempos, para aislarlos de sus abogados, si los tenían, y de sus familiares, que debían sortear enormes dificultades para visitarlos”. “Había muchos presos provenientes de las provincias más alejadas, como Chaco o Tucumán, buena parte de ellos obreros, también estudiantes, y el viaje (de sus parientes) era muy caro”. Entonces, los familiares empezaron a alquilar colectivos que venían una o dos veces por mes, “y nosotros formamos acá una Comisión de Solidaridad con los presos políticos”, de la que surgían apoderados para visitarlos y que asistía a los parientes, brindándoles alojamiento, comida y el calor de la solidaridad”.

“Creo que este sistema cruel, de traer a los presos acá, tan lejos, les salió como un tiro por la culata. No sólo no pudieron aislar a los presos, sino que además la zona se politizó como hasta entonces no había sucedido”, rememoró Encarnación. En esta actividad solidaria estaban Encarnación Díaz y su esposo, Beltrán Mulhall, junto a otros pobladores de Trelew y también de localidades cercanas, como Rawson, Madryn y Gaiman. En contrapartida, la región “se pobló de unos señores `extraños`.

Pero estas poblaciones eran mucho más chicas de lo que son ahora y los `extraños` llamaban la atención”, narra la entrevistada. “Hacían seguimientos a quienes integrábamos la Comisión. Por casa pasaban vehículos de la base (Zar) sin disimulo. O me seguían cuando salía de dar clase en el Colegio Nacional o el Comercial de Trelew. No disimulaban, porque su idea en un primer momento era asustar, acobardar, con la intención de quebrar la solidaridad que había nacido dentro del pueblo de Trelew”. El amedrentamiento se agravó y se convirtió en represión abierta “después de la fuga y posterior asesinato de 16 de los presos, que no otra cosa es la Masacre de Trelew”, dijo Encarnación.

“Revocaron a todos los apoderados (con derecho a visitar a los presos) y dos meses después (de la fuga) se llevaron detenidos a 16” integrantes de la Comisión de Solidaridad, el mismo númer que los asesinados el 22 de agosto. “La intención era hacer una represalia ejemplificadota”.



Ensañamiento con militantes y familiares


La persecución a militantes de Trelew, como a sobrevivientes y familiares de los fusilados el 22 de agosto de 1972, recrudeció con secuestros, torturas y asesinatos cometidos por los represores después del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

Encarnación Díaz evoca estos crímenes de la última dictadura en las personas del militante comunista Elbio Angel Bel, quien fue apoderado de Roberto Santucho, uno de los seis jefes guerrilleros que en la fuga de 1972 consiguieron llegar en avión a Chile, y del abogado radical Mario Abel Amaya, defensor de presos políticos que, en esa condición, tuvo saliente actuación en los sucesos de ese año que derivaron en la Masacre de Trelew. “Bel era maestro, igual que yo. Tenía conocida pertenencia al Partido Comunista. Era un hombre joven, pensante y muy querido por el pueblo, porque en pueblos chicos, como era Trelew en esa época, donde nos conocíamos todos, no podían hacer un cuco de un comunista", recordó Encarnación en diálogo con Télam. Sobre la muerte de Amaya, sostuvo que “debemos considerarla un asesinato porque fue producto directo de las torturas que sufrió”.

Referente político en Trelew y provincial e impulsor de la Comisión de Solidaridad a comienzos de los `70, Bel fue secuestrado el 5 de noviembre de 1976 -junto al hijo de ocho meses, después devuelto a su madre- y permanece desaparecido. A su vez, Amaya fue secuestrado en Trelew el 17 de agosto de 1976, atormentado en instalaciones represivas en la zona, luego en unidades militares próximas a la ciudad bonaerense de Bahía Blanca, junto a Hipólito Solari Yrigoyen, después “blanqueado” en el penal de Rawson y, durante los dos meses desde su captura, sometido a torturas que le causaron la muerte el 16 de octubre.




 
 
 
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