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16/07/2013

Está claro que no les importa nada quienes fueron los asesinos del soldado Ledo 

La descalificación del general Milani por los medios hegemónicos constituye un compendio de mala fe

 
 
 
 
  • Memoria Verdad y Justicia - Télam
    El Flaco Ledo. Estudiante de Historia, militante de izquiera. Un caso que es preciso revisar.
(Por Juan Salinas).- La pretensión del eje Clarín-La Nación, de su portavoz, Jorge Lanata, y de los satélites de aquellos, de escrachar al nuevo jefe del Ejército, el general César Milani, por su supuesta responsabilidad en la desaparición del soldado conscripto Alberto Agapito Ledo, alcanza las más altas cotas de hipocresía y es un compendio de mala fe.

Dicha campaña, cuya verdadera razon es la fobia ante la posibilidad de unas Fuerzas Armadas nacionales y comprometidas con la integración sudamericana y la defensa de la soberanía popular, el desarrollo nacional y la protección de los recursos naturales, podría tener alguna  verosimilitud si alguna vez estos medios y lenguaraces se hubieran interesado en algún caso similar. Y si, además, en el caso de la desaparición de Ledo no omitieran descaradamente puntualizar que a priori todo indica que el responsable directo de ella fue el coronel retirado (entonces capitán)  Esteban Sanguinetti (h), a quien, para mayor escarnio, nunca siquiera mencionaron.

Tampoco mencionan a José Luis D'Andrea Mohr, el capitan sin tacha, que en su imprescindible libro "El escuadrón perdido", describe las circunstancias en que el colimba Ledo desapareció. Lo citamos:

"... Ledo era estudiante universitario (licenciatura en Historia) y cumplía su servicio militar en el Batallón de Ingenieros de Construcciones 141, en La Rioja, desde el 12 de febrero de 1976 (...) El 20 de mayo fue trasladado a la localidad de Monteros, Tucumán. En la noche del 17 de junio de 1976 salió tres veces con el capitán Esteban Sanguinetti a 'hacer una recorrida por la zona'. De la última salida regresó sólo el capitán.

"El 4 de julio de 1976, ante la falta de noticias de su hijo, la señora Marcela Antonia logró reunir el dinero suficiente para viajar desde La Rioja hasta Monteros. Allí le informaron, verbalmente, que su hijo había 'desertado', pero algunos compañeros del muchacho le contaron acerca de las salidas nocturnas con el capitán y le dijeron que, al día siguiente de las "recorridas", habían recibido la orden de reunir y entregar el equipo individual de Alberto. Eso explica por qué el 'desertor' no había sido buscado por la policía en su casa."

Clarín, La Nación y Lanata se refirieron a "El escuadrón perdido" aunque sin mencionar nunca a su autor y menos todavía el texto acusatorio, que señala claramente a Sanguinetti como responsable directo de la desaparición  y no menciona a Milani, que tampoco -es bueno subrayar- está mencionado en causa judicial alguna abierta por la desaparición del soldado Ledo.

En cambio Lanata dijo equívoca y reiteradamente que Milani figura en el "Nunca  más", el informe final de la Conadep (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) cuando no es así. Milani  sólo  figura en un  informe realizado por la Comisión Provincial de Derechos Humanos de La Rioja que recién se publicó algunos dicen que en 2006 y otros en 2010 y en el que Milani no figura involucrado en la  desaparición de Ledo ni de ninguna otra persona, sino como quien llevó a declarar a un juzgado a  un detenido, Ramón  Alfredo Olivera, quién lo identificó.

Olivera dijo que "el teniente Milani" había participado antes en un allanamiento de su casa paterna en el cual los militares habían llevado detenido a su padre, y que en el trayecto al juzgado e incluso en el mismo momento de declarar ante el juez lo había hostilizado de palabra.

Ni más ni menos.

En cuanto a la desaparición de Ledo, D'Andrea Mohr reconstruyó toda la cadena de mandos y puntualizó que si bien el responsable directo de su desaparición fue el capitan Sanguinetti, el jefe del Batallón de Ingenieros de Construcciones 141 con sede en La Rioja (al que pertenecían tanto Ledo como Sanguinetti y Milani) era el ya fallecido teniente coronel Osvaldo Héctor Pérez Battaglia. Todos, obviamente, del arma de ingenieros y no de inteligencia -que no es un arma sino una especialidad- como se dijo, escribió y repitió con absoluta ligereza.

El jefe de inteligencia en aquella zona y en aquel  momento (los cruentos comienzos de la dictadura) era el ya fallecido teniente coronel artillero Eusebio Gustavo González Breard, que respondía al jefe de la subzona, el general llorón Antonio Domingo Bussi (también finado) cuyo jefe era el general Luciano Benjamín Menéndez.

¿Cuál es entonces la relación entre la desaparición de Ledo y Milani?

El testimonio de otro fugaz conscripto, Alvaro Llanes, militante de la Juventud Peronista y amigo de Ledo, que, dijo Llanes, "militaba en grupos de izquierda". También dijo Llanes  que Milani conversó con los colimbas recién incorporados a las filas (igual que el propio Milani, que acababa de egresar del Colegio Militar) y que las conversaciones derivaban natural o artificialmente a temas políticos, a que les preguntara que pensaban del gobierno (de Isabel Perón), por lo que ambos llegaron a la conclusión de que los estaba sondeando para averiguar qué pensaban, en qué andaban.

Llanes apenas cumplió 15 días de servicio militar. El 23 de marzo le dieron la baja, y casi enseguida fue detenido en su domicilio de Chilecito y recluido dos días en el escuadrón local de Gendarmería hasta que finalmente lo trasladaron hasta la cárcel de la capital provincial.

“Yo estaba preso en la cárcel de La Rioja y fui tres veces a misa los domingos. En la última me lo cruzo a Ledo. Apareció como asistente (es decir, monaguillo) del capellán Pelanda López. Lo saludo al final, le pregunto cómo estaba y me dijo que lo llevaban a Tucumán. Le dije en voz baja: rajá. Cruzamos miradas y le volví a decir “raja, raja”, narró con perceptible angustia. Y ya nunca más lo vio.

Llanes conjetura que “Milani tiene que saber qué pasó” con Ledo. Según testigos, al dia siguiente de la desaparición de Ledo, un subteniente de apellido Molina, le dijo a la tropa que había desertado, y que le juntaran sus cosas para devolverlas a intendencia. Y que Milani estaba al lado de Molina, que al día siguiente regresó a La Rioja (de donde había venido unos días antes) y que exactamente un mes después fueron secuestrados dos jovenes amigos de Ledo que también permanecen desaparecidos, César Antonio "Tuco" Minué y Roberto Moreno Díaz.

Por supuesto, ni Clarín, ni Lanata ni La Nación se preocuparon en absoluto de identificar al subteniente Molina (que ha de ser el hoy coronel retirado Ernesto Modesto Molina, de la misma promoción que Milani y también del arma de ingenieros), dejando nuevamente en claro que lo único que les interesa es ir contra Milani. 

Un asunto importante es que así como se afirmó alegremente que el subteniente Milani era un especialista en inteligencia (como si un subteniente pudiera serlo) también se afirma que Ledo fue su "asistente personal", algo de lo que su madre, Marcela Antonio, que como miembro de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo es incansable en su búsqueda, dijo haberse enterado ahora por los medios.

Quien escribe esto hizo el servicio militar en Infantería del Ejército en 1974 y no recuerda que los los subtenientes tuvieran asistente personal. Y menos, "secretario", como dice hoy La Nación.

Conclusiones

Está muy bien que se abra una investigación sobre las desapariciones de Ledo,  Minué y Moreno Díaz. Siempre, claro, que se ponga el foco, en principio, en Sanguinetti, sus superiores y acompañantes en la patrulla fatídica de la cual el soldado no regresó.

Aun en el peor de los casos, si Milani hubiera informado a sus sus superiores que Ledo era militante de tal o cual partido de izquierda, la responsabilidad primaria de su desaparición jamás puede recaer en un subteniente.

Los que tuvimos militancia política en aquellos años, y más si hicimos el servicio militar, sabemos hasta que punto eran adoctrinados los cadetes del Colegio Militar y los jóvenes oficiales sobre su participación en una asordinada tercera guerra mundial contra el comunismo.

No parece que haya un solo oficial del Ejército de  la edad de Milani que haya podido sustraerse de ese clima de época y es muy poco factible que alguno haya podido eludir participar de un modo u otro de las operaciones "antisubversivas" ordenadas por sus mandos. Y no parece pertinente acusarlos de haber cometido imprescriptibles delitos de lesa humanidad por cumplir órdenes que implicaran informar a sus superiores, detener a personas  o trasladar presos de un lado para otro. Aunque si, por supuesto, si al detener a alguien le robaban la casa y lo molían a golpes. O si lo sometían a torturas.

La desesperación de Magnetto y Cía. por voltear a Milani quedo patente cuando ayer Clarín sacó a la palestra que un primo del general es sargento Miguel Ángel "Perico" Pérez, condenado por haber matado a sangre fría al malherido prisionero Raúl "Paco" Bauducco en el patio de la UP-1 del barrio San Martín de la ciudad de Córdoba, por orden del también condenado teniente Enrique Pedro Mones Ruiz en julio de 1976. Y que ambos son de Cosquín. Algo tan traído de los pelos, que al abordar el tema por la noche en su programa PPT, Lanata resolvió obviarlo.

Como señalaron Estela de Carlotto y el CELS, si alguién tiene pruebas contra Milani, debe presentarlas.

Si Clarin, La Nación, Lanata y quienes le hacen de coro aplicaran a todos los generales y coroneles actuales el tratamiento que pretenden aplicarle a Milani, al lado suyo Hebe de Bonafini parecería Graciela Fernández Meijide: la vieja profesora de francés que, en sintonía con Clarín, ahora sustenta la Teoría de los dos demonios y propone  la reconciliación entre víctimas y victimarios.

En su afán de atacar a Milani, Joaquín Morales Solá procura relacionarlo... con el asesinato de monseñor Enrique Angelelli, que hasta los niños de teta saben que fue cometido por oficiales de la Fuerza Aérea.

Si Clarín, La Nación, Lanata y quienes le hacen de coro aplicaran a los civiles el tratamiento que pretenden aplicarle a Milani, Joaquín Morales Solá estaría preso por su colaboración con el exterminio llevado a cabo en Tucumán por los generales Adel Vilas y Antonio Bussi. 

 
 
 
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