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07/12/2017

El infiltrado Alfredo Astiz -hoy condenado- "marcó" a familiares que pedían por  

A 40 años del secuestro de las primeras Madres y las monjas francesas del grupo de la Santa Cruz

 
 
 
 
  • Memoria Verdad y Justicia - Télam
    El teniente de navío Alfredo Astiz, infiltrado de la Marina que "marcó" a las primeras Madres de Plaza de Mayo
El hoy condenado Alfredo Astiz se infiltraba hace 40 años entre familiares que trataban de organizarse para reclamar por los secuestrados y detenidos desaparecidos, para "marcarlos" y entregarlos finalmente a un grupo de tareas de la Armada, con base en la ESMA, que consumaría entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977 el hecho conocido como el secuestro de los 12 de la iglesia de la Santa Cruz, uno de los crímenes de mayor repercusión nacional e internacional cometidos por la última dictadura cívico militar.

Hace 40 años, represores de la Marina lanzaron una cacería que dio cuenta de Esther Ballestrino de Careaga, Azucena Villaflor de Devicenti y María Eugenia Ponce de Bianco, integrantes del grupo fundador de las Madres de Plaza de Mayo; de las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet y de siete familiares más.

Todo el grupo resultó arrojado con vida al mar como parte de los denominados "vuelos de la muerte", y los responsables de esa travesía, los pilotos de Prefectura Alejandro D´Agostino y Mario Arrú, recibieron penas de prisión perpetua en el juicio de lesa humanidad de ESMA III, concluido la semana pasada.

"Estuve en la sentencia y verlo Astiz en esa audiencia fue algo duro, pero mucho más que hubiera gente que lo aplaudiera con las cosas terribles que hizo. Cometió delitos aberrantes contra un grupo de familiares que pretendía saber qué pasaba con sus seres queridos", señaló, en diálogo con Télam, Mabel Careaga, hija de Esther Ballestrino de Careaga y miembro de una comisión que rinde homenaje permanente a las víctimas de ese crimen de lesa humanidad.

En octubre de 1977, las Madres y los familiares decidieron comenzar una campaña para recolectar fondos para publicar una solicitada que le pedía al gobierno militar información sobre la situación de los detenidos desaparecidos.

Astiz se acercó a la ronda que las Madres llevaban a cabo desde abril en Plaza de Mayo y dijo ser un tal "Gustavo Niño", supuestamente familiar de una persona que estaba secuestrada en algún centro clandestino de la última dictadura.

"Al principio, tenía un papel muy activo en cada una de las marchas y exhibía una actitud muy desafiante con respecto a la Policía. Las madres intentaban incluso preservarlo para que no lo detuvieran", recordó Mabel.
 
Pero con anterioridad a esos días de finales de 1977, Esther Ballestrino -bioquímica nacida en Paraguay en 1918 y exiliada en Argentina desde los años '40- se había acercado a los grupos que reclamaban por la suerte de los desaparecidos y a los organismos de derechos humanos.

Una de sus tres hijas, Ana María Careaga, había sido secuestrada con tres meses de embarazo en junio de 1977, y recluida con el centro clandestino de Club Atlético, donde cuatro meses más tarde recuperó la libertad.

Ballestrino logró que tras ser liberada, Ana María se trasladara a Brasil junto con sus hermanas Mabel y Esther, quienes desde allí se trasladaron a Suecia, donde se refugiaron hasta el final de la dictadura.

"Pero mi madre no viajó con nosotras a Suecia. Quiso volver a Argentina para sumarse a la lucha incipiente que libraban los organismos de derechos humanos. 'Voy a seguir hasta que aparezcan todos', nos dijo cuando intentábamos convencerla para que viajara con nosotras", sostuvo Mabel.

La Iglesia de la Santa Cruz, ubicada en el barrio de San Cristóbal, era un lugar en el que se reunían madres y familiares con el propósito de coordinar acciones sobre el reclamo de información sobre los detenidos, y a esos encuentros comenzó a asistir Astiz como infiltrado.

Dos días antes de que se publicara una solicitada en el diario La Nación bajo el título "En esta navidad, sólo queremos la verdad", Astiz marcó en la iglesia a las madres Ballestrino, Ponce de Bianco; a la monja Domon y a los familiares Angela Auad, Gabriel Horane, Raquel Bulit y Patricia Oviedo para que el grupo de tareas de la ESMA los identificara y secuestrara.

Unas horas antes, Remo Berardo, integrante del grupo de la Santa Cruz, fue apresado en su atelier del barrio de La Boca, y en un bar de Belgrano y Paseo Colón la patota de la Marina capturó a Horacio Aníbal Elbert y José Julio Fondevilla.

La solicitada se publicó el 10 de diciembre, y cuando Azucena Villaflor, la primera referente de Madres, salió de su domicilio de Avellaneda para comprar el diario con la solicitada publicada terminó secuestrada por los marinos, que luego capturaron a la religiosa gala Leonie Duquet.

En "Skyvan", un libro de investigación publicado por la periodista y sobreviviente de la ESMA Miriam Lewin, se estableció que los 12 secuestrados pudieron haber sido trasladados y arrojados al mar en un vuelo de un avión de Prefectura que salió desde Aeroparque el 14 de diciembre, según registros de esa fuerza corroborados por la Justicia.

El 20 de diciembre de 1977 cinco cuerpos aparecieron en las costas de Santa Teresita y fueron depositados como NN en una fosa del cementerio de General Lavalle.

Mediante un trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), se estableció en julio de 2005 que esos cuerpos pertenecían a Ballestrino, Ponce de Bianco, Duquet, Auad y Villaflor.

Mediante una autorización especial del entonces arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio -actual papa Francisco-, quien conocía a la madre de Plaza de Mayo cuando trabajaba con ella en un laboratorio de bioquímica, Esther Ballestrino de Careaga fue enterrada en los jardines de la Iglesia de la Santa Cruz, el 24 de julio de 2005.

"El dato de esos cuerpos volviendo a las costas es una metáfora de la lucha de las Madres. Aún sin vida pretendían seguir dando testimonio. Siempre pienso en el jueves siguiente a los secuestros, cuando se hizo la ronda, y estoy convencida de que ese día comenzó a ser derrotada la dictadura. Pese a los miedos y las caídas la viejas siguieron pidiendo por los desaparecidos y dejaron un ejemplo de lucha para el pueblo argentino", puntualizó Careaga.

 
 
 
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