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21/03/2013

También declaró Santiago Morazzo, un científico de la CNEA 

"Ser mujer en la ESMA era un plus"dijo la sobreviviente Andrea Bello

 
 
 
 
  • Memoria Verdad y Justicia - Télam
    Casanova Alomar. Llevó a una desaparecida a ver un film de Woody Allen
(Espacio por la Memoria). La sobreviviente de la ESMA Andrea Marcela Bello, amplió su declaración testimonial, ofreció muchos detalles de su cautiverio y de sus captores y estimó que ser mujer en ese centro clandestino de detención era "un plus" y que los guardias que las llevaban a los baños solían decirles que las consideraban más peligrosas que los hombres, poco menos que súcubos. En la audición del martes también declaró Santiago Morazzo, un científico de la Comisión Nacional de Energía Nuclear que parece haberse salvado gracias a a la presión internacional.

Andrea Bello contó cómo fue la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a la ESMA cuando ahí funcionaba el centro clandestino de detención, tortura y exterminio. Poco antes, el edificio del Casino de Oficiales, donde estaban alojados los secuestrados, fue refaccionado para intentar poner en duda las denuncias sobre lo que pasaba en ese lugar.

“Esa refacción comienza en marzo o abril (1979). Empiezan por el lado de arriba, después nos pasan a 'La Huevera' (lugar cuyas paredes estaban forrados con envases de cartón de huevos para amortiguar los alaridos de los torturados) . Ahí estuvimos un tiempo con camas. Luego, cuando empiezan las refacciones en el sótano, nos suben a la parte de arriba.  Todo lo que era Capuchita había sido cambiado y la oficina de Inteligencia también”.

La isla del Tigre

Al igual que otros sobrevivientes, Bello habló sobre la isla. “Yo salí un poco antes de la visita de la CIDH. A los que estaban en Capucha los mandaron a una isla del Tigre. A mí me mandaron a Desarrollo Social.

Me empezó a molestar una muela. Una compañera consiguió un analgésico, pero empeoraba. Me dijeron que me iban a llevar al dentista. Me llevaron a la enfermería y en el trayecto ví a un  grupo de conscriptos haciendo gimnasia”.

“Cuando nos bajaron a La Huevera, un compañero nos dijo que insistiérmos en pedir llamar a nuestras familias."

Cabinas telefónicas

“Las cabinas telefónicas estaban en El Dorado. Me llevan a llamar a mi madre y me dicen que no podía decir que estaba detenida. Había una pequeña cabina. Llamé a mi madre y cuando mi mamá me pregunta por mi casa, por mis cosas, yo le dije que estaba detenida y me cortaron automáticamente el teléfono y me dijeron que no iba a volver a ver nunca más a mi mamá”, dijo Andrea Bello en la audiencia.

Por los tormentos que implicaban las condiciones del cautiverio, Bello contó que “todos teníamos conjuntivitis crónica por el tabique”.

También habló sobre el imputado (capitan de fragata retirado) Juan Arturo Alomar, a quien “conocí en el playón, para mí era Ariel. Alomar entra y a Lázaro y a mí nos dice: ´¿Vamos al cine?´, y por la tarde nos llevaron al cine a ver una película de Woody Allen. También recuerdo que fuimos en un Renault 12 azul. Alomar se vestía con remera adentro del jean, con el pelo un poco largo”.

Sobre otros de los imputados, dijo: “(Jorge Manuel) Díaz Smith parecía más grande que Alomar, era de Prefectura. A (Francisco Armando) Di Paola lo recuerdo como ´El Chino´, de bigotes. A (Juan Carlos) Fotea le decían ´Fernando´, había confusiones, porque iban cambiándose los nombres. (Carlos Orlando) Generoso es la primera persona que vi a cara descubierta en la ESMA. Fue quien me interrogó. Tenía dos apodos, yo lo conocía como 'Agustín' y también le decían 'Fragote'. El apodo de (Antonio) Pernías era 'Martín'. También le decían 'Trueno'. Sus ocurrencias eran muy festejadas por (el capitán de fragata retirado Raúl) Scheller, al que le decían 'Pingüino' o  'Mariano'.  El apodo de (el capitán de fragata retirado Néstor Omar) Savio era 'Norberto', y  (Jorge) Rádice se hacía llamar 'Gabriel'".

A Andrea Bello le preguntaron cómo se enteró sobre los apodos de los imputados y ijo que fue dentro de la ESMA, donde estuvo secuestrada.

Gestiones familiares

También le preguntaron sobre las denuncias y gestiones que hizo su familia para averiguar su paredero y obtener su libertad.“Una gestión que hizo mi madre fue la presentación de hábeas corpus, le pagaron una montaña de dinero y el abogado le dijo que íbamos a salir el 20 de diciembre por el lado de los Tribunales. La pareja de mi madre, por su trabajo, tenía vinculación con monseñor (Adolfo) Tortolo y él le dijo que no se preocupara, que la me iban a rescatar, y lo llevó a Coordinación Federal, a un sótano lleno de detenidos y le preguntaba: '¿Es ésta?, ¿Es ésta?'".

Ser mujer en la ESMA

Andrea Bello relató que “ser mujer en la ESMA era un plus”. Contó cómo que compartió el  cautiverio con Adriana, quien estaba embarazada y a la que “jamás le dieron atención médica” y que se fue unos días antes de tener el bebé. "Ella tenía la necesidad de ir al baño, como todos las embarazadas, y les pedía ir al baño. Como no la dejaban ir, hacía pis en botellas de Coca (Cola) que nos daban en el almuerzo”.
“También recuerdo que cuando los guardias nos llevaban al baño solían decir que las mujeres eran mucho más peligrosas que los hombres”.

Hacia el final de su declaración Bello dijo que “lo que nos salvó de enloquecer fueron nuestros ideales y nuestra ideología”.

Morazzo

Luego declaró el ex detenido desaparecido Santiago Morazzo, otro de los trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), secuestrado por el Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA.
Morazzo contó que el “28 de marzo (de 1976), yo vivía en Parque Leloir. A las 3 de la mañana empecé a escuchar los ladridos del perro y prendí todas las luces. Vi un despliegue militar monumental, con coches y cañones a lo largo de toda la calle. Entraron varias personas que empezaron a controlar todos los libros, cada tanto le mostraban alguno al responsable”.

Aparece Astiz

Morazzo relató que “había un jovencito rubio, que después me enteré era Astiz. Una vez que terminó el operativo, intervino. Antes, mientras loas demás revolvían todo, se quedó quieto en un lugar de la casa. Una vez que terminó el control, que duró 40 minutos, me dijeron: ´Nos va a tener que acompañar´. Uno de ellos lo miró a Astiz y le dijo: 'Con este señor no hace falta ser demasiado rudo'”.
El traslado a la ESMA y a un barco

Morazzo contó que en el viaje “me metí el dedo índice en la capucha y fui viendo por la ventanilla algo de lo que iba pasando, y pensé que íbamos a la CNEA. Pero en vez de ahí entramos a la ESMA”. El sobreviviente trabajaba en dos sedes de la  Comisión, una de ellas, la principal, se encuentra en Nuñez, sobre la Avenida del Libertador, justo frente a la (ex) Escuela de Mecánica de la Armada.

Ya en la ESMA, Morazzo dijo que “me trataron muy mal. Por la orientación de los interrogatorios, había un contacto directo entre la Comisión y la ESMA. Me preguntaban: ´¿vos creés en los sindicatos, hijo de puta?´, y yo les contestaba que sí, porque tenía que trabajar con ellos por condiciones laborales, etcétera, y se decían entre ellos: '¿Ves? Es un hijo de puta'."

“Calculo que habré estado en la ESMA una o dos semanas", siguió diciendo. Los primeros tres días no me dieron de comer. A Pedro Landeiro, unos días después de mi secuestro, le sacaron los pantalones en la CNEA y lo hicieron cruzar en ropa interior hacia la ESMA. Una semana después nos llevaron a  una zona de empedrado, nos pusieron en un barco y fue la primera vez que me dijeron que me podía sacar la capucha, eso mientras no se abriera la puerta. Si se abría la puerta me dijeron que mirara  a la pared, porque no podía mirar a la cara a nadie”.

Morazzo describió su cautiverio en el barco, donde contó que lo tuvieron “colgado de los brazos durante varios días, me ataron a unos parantes con las manos juntas y los pies también, como una hamaca paraguaya. Una vez me dijeron: 'Vos ya estás muerto'".

“Un día nos llevaron a Devoto -siguió diciendo-  lo que nos dio tranquilidad, porque estábamos en una institución”. Cuando estaba en Devoto, siguió diciendo, a sus padres “les robaron todo, les saquearon la casa y se olvidaron una gorra de la Policía Federal”.

Los interrogatorios

“Querían que dijéramos a qué organización pertenecíamos y nosotros repetíamos que éramos de la CNEA, por lo que nos llamaban 'los atómicos'. En septiembre nos llevaron a Azul en avión y en el traslado recibí la paliza más grande que me dieron en mi vida; nos golpearon desde las 5 de la mañana hasta las 2 de la tarde”.

El testigo contó que hubo por él “una fuerte presión internacional, porque el programa en el que yo trabajaba tenía convenios con varios países y llegaron cartas de todos lados pidiendo por mí”.

El exilio

Morazzo fue liberado de Sierra Chica tras lo cual se fue a Génova, "por recomendación de  los militares”.

 
 
 
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